En el centro de todas las miradas y de los aplausos del pueblo albiceleste emergió la figura de Francisco Molina, el talentoso volante ofensivo que, tras ser esperado hasta el límite de la entrada en calor por una sobrecarga muscular, terminó resolviendo un trámite sumamente complejo con una genialidad individual que valió tres puntos de oro.
Al momento de brindar sus impresiones tras el pitazo final y el posterior regreso a tierras jujeñas, Molina no ocultó su satisfacción por el deber cumplido, aunque mantuvo los pies sobre la tierra al analizar el escenario en el que se encuentra inmerso el elenco jujeño. Con la convicción que caracteriza al grupo de futbolistas en este cierre de campeonato, «el Oso» fue contundente al manifestar que la ilusión del ascenso directo permanece absolutamente encendida en el vestuario. «Mantenemos las posibilidades de pelear por el primer ascenso y el sueño de jugar la final está en pie. Quedan dos fechas y nos propusimos sumar todos los puntos que aún están en juego; estamos en condiciones de dar batalla hasta la última fecha», afirmó categóricamente el mediocampista, dejando en claro que el plantel no se conforma únicamente con la clasificación asegurada al Reducido, sino que irá por la gloria máxima en el cierre de la fase regular.
Al profundizar en las alternativas futbolísticas que deparó el caldeado choque en la matanza bonaerense, Molina ofreció una lectura sumamente honesta sobre las dificultades que debió sobrellevar la escuadra jujeña para doblegar a un adversario urgido de sumar para evitar la zona de descenso. «Fue un partido muy complicado y nos costó encontrarle la vuelta en varios pasajes. Nueva Chicago es un gran club, tiene grandes jugadores y sin dudas merece estar más arriba en la tabla de posiciones por la jerarquía de su plantilla», reflexionó el atacante, ponderando el valor estratégico de haber sabido sufrir en los momentos de mayor presión local y de golpear con precisión quirúrgica en la oportunidad idónea.
En el plano estrictamente individual, el autor del gol de la victoria realizó un ejercicio de autocrítica respecto de su rendimiento a lo largo de los noventa minutos, marcando el contrapunto entre lo sucedido en la etapa inicial y el desenlace de la contienda. Molina admitió que le costó hacer pie en el arranque del partido debido al intenso dispositivo táctico desplegado por el conjunto verdinegro, pero destacó la determinación mental que tuvo para cambiar la historia en la etapa complementaria. «En el primer tiempo reconozco que no estuve fino con la pelota y me costó entrar en circuito de juego, pero en el complemento me decidí a buscar directamente el arco apenas encontrara el espacio», explicó el futbolista albiceleste. Esa resolución personal se tradujo en la jugada cúspide del partido: un enganche desde la franja derecha hacia el centro para sacar un zurdazo teledirigido pegado al poste, inalcanzable para la estirada del arquero local. «El gol fue de otro partido», graficó con una sonrisa «el Oso» al describir la maniobra que destrabó el encuentro.