Trump había planteado reiteradamente una integración mucho más estrecha de Canadá con Estados Unidos y llegó a referirse al país como el posible “estado número 51”. Paralelamente, Washington abrió una disputa comercial con Ottawa mediante nuevos aranceles y fuertes presiones económicas.
La respuesta canadiense fue buscar una mayor diversificación. Bajo el gobierno del primer ministro Mark Carney, Ottawa comenzó a impulsar relaciones más profundas con otros socios internacionales, particularmente con Europa. En este contexto, la Unión Europea dio esta semana un paso que hasta hace poco hubiera parecido improbable.
Durante su discurso anual ante el Parlamento Europeo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso abrir la puerta para que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la Unión Europea. Carney, que se encontraba en Estrasburgo, recibió una ovación de los eurodiputados y manifestó su respaldo al acercamiento.
La propuesta no significa que Canadá vaya a convertirse en un miembro pleno de la UE. De hecho, todavía no existe una definición jurídica precisa de qué implicaría la figura de “miembro asociado”. Según el análisis publicado por The New York Times, el concepto podría profundizar la cooperación en comercio, defensa, minerales críticos, energía, tecnología e investigación, pero todavía quedan importantes cuestiones legales y políticas por resolver.
El giro también tiene una dimensión estratégica. Canadá posee enormes recursos naturales y minerales críticos, además de una posición geográfica clave en el Ártico. Bruselas busca fortalecer sus cadenas de suministro y reducir vulnerabilidades externas, mientras Ottawa intenta disminuir su histórica dependencia económica de Estados Unidos. La UE y Canadá prevén continuar las conversaciones durante una cumbre prevista para finales de octubre.
Trump reaccionó al acercamiento entre Ottawa y Bruselas y advirtió que, si considera que la iniciativa tiene una intención hostil contra Estados Unidos, podría imponer aranceles muy elevados a Europa o incluso reducir el comercio con el bloque en determinados productos.
Así, una disputa que comenzó principalmente alrededor del comercio entre Washington y Ottawa está adquiriendo una dimensión mucho mayor: Canadá está intentando estrechar sus vínculos con Europa mientras Estados Unidos y la UE también atraviesan una relación comercial y estratégica cada vez más tensa.
El resultado es un escenario inédito para las relaciones transatlánticas: Trump hablaba de convertir a Canadá en el estado 51 de Estados Unidos; ahora Bruselas estudia cómo convertirla en su primer socio asociado.