Se inicia la cuenta regresiva para la fiesta de Urkupiña

Para este viernes, 14 de agosto, está prevista la Gran Entrada Folklórica, en la que más de 80 fraternidades llegarán danzando a la parroquia San Ildefonso.

Aunque la celebración por la Virgen de Urkupiña comenzó a inicio de mes, lo mejor arranca este viernes, en Cochabamba.

Este viernes, 14 de agosto, está prevista la Gran Entrada Folklórica, en la que más de 80 fraternidades llegarán danzando a la parroquia San Ildefonso, en Quillacollo, Cochabamba.

El 15 de agosto, sábado, el día principal de la fiesta, se celebra la solemne misa central y la procesión con la imagen de la Virgen de Urkupiña; mientras que el domingo, 16 de agosto, se llevará a cabo la tradicional peregrinación al Calvario en el cerro de Cota, en la que miles de peregrinos recorren a pie más de 14 kilómetros desde la ciudad de Cochabamba hasta Quillacollo.

Las minas

Allí tiene lugar el rito de las piedras, también llamado de “las minas”, en que los fieles usan martillos para romper rocas y se llevan a sus casas las piedras que simbolizan el “préstamo sagrado”, aquellos bienes materiales que la Virgen presta a los fieles, con la promesa de regresar durante tres años consecutivos para agradecer, rezar y «devolver» el favor.

El 17 de agosto, los festejos culminan con la apertura e inauguración oficial de la Feria de la Alasita, un tradicional mercado de miniaturas de casas, autos, billetes y demás objetos que los visitantes adquieren como símbolo de sus deseos y anhelos, para bendecirlos por intercesión de la Virgen de Urkupiña.

Sobre la virgencita

La historia de la devoción se remonta hacia finales del siglo XVIII, cuando una niña quechua de la zona rural que pastoreaba el rebaño de su familia en cercanías del río Sapinku, al pie del cerro de Cota, vio descender del cielo una luz resplandeciente.

Al acercarse, la niña divisó a una mujer con una belleza extraordinaria que llevaba en sus brazos a un tierno niño. Ante este suceso, la pequeña no sintió miedo, sino que generó con la mujer un vínculo cotidiano.

La «Mamita», como ella la llamaba, descendía para acompañarla y conversar en quechua. La tradición señala que la mujer hacía brotar agua de las rocas para el rebaño y entregaba a la pastorcita piedras que al llegar a su casa se transformaban en bloques de oro.

Los padres de la niña narraron lo ocurrido al sacerdote y a las autoridades del pueblo, que decidieron ascender al cerro para corroborar el relato. En el camino, la niña se adelantó y al divisar la cumbre, señaló la cima exclamando en su lengua materna (el quechua): «¡Jaqaypiña urqupiña!, ¡Jaqaypiña urqupiña!» («¡Ya está en el cerro!»).

Aunque la comunidad sólo llegó a presenciar la ascensión de la figura luminosa hacia el cielo, en el punto exacto donde sus pies pisaron la tierra, hallaron una imagen esculpida en piedra.

La exclamación quechua, castellanizada con los años, le dio nombre a la advocación: Urkupiña, y la imagen hallada fue trasladada al pueblo y colocada en el solar que hoy ocupa el templo de San Ildefonso, donde hasta hoy es venerada.

El edificio fue declarado Monumento y Patrimonio Cultural de Bolivia en 1992, y nombrado oficialmente Santuario de Nuestra Señora Virgen María de Urkupiña el 8 de diciembre de 1998.