Preguntarles a los chicos qué hicieron en la escuela o cómo estuvo el entrenamiento de la tarde, por ejemplo, es parte de la rutina de muchas familias. Sin embargo, la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes también transcurre en redes sociales, videojuegos y chats, y esas actividades online, que realizan todos los días, suelen quedar fuera de las conversaciones con los adultos.
Esa falta de diálogo puede dejar a los chicos sin una referencia adulta cuando se enfrentan a los problemas y riesgos de internet, como cuando reciben un mensaje que los incomoda o atraviesan una situación de violencia digital.
Ante esas situaciones, muchos padres y madres quieren ayudarlos, pero no saben qué preguntar, cómo reaccionar ni hasta dónde intervenir sin vulnerar su privacidad.
Para Hernán Navarro, fundador y director ejecutivo de Grooming Argentina, el acompañamiento no exige que los adultos dominen cada aplicación, aunque sí requiere que se involucren, aprendan y estén disponibles. “El mundo adulto no entiende qué es internet, no sabe cómo habitar internet y, por ende, no sabe acompañar”, afirmó a TN Tecno.
El problema es urgente porque el acceso a los dispositivos comienza cada vez más temprano. Un relevamiento de Grooming LATAM, realizado entre 2024 y 2025 a través de 28.360 encuestas anónimas a personas de entre 9 y 17 años, determinó que seis de cada diez habían mantenido conversaciones con desconocidos en redes sociales o juegos en línea. Además, el 28% había accedido a su primer celular antes de los 9 años.
El primer paso para acompañarlos es preguntar y escuchar
Navarro propone incorporar la experiencia digital a las conversaciones familiares con la misma naturalidad con la que se habla sobre la escuela, el club o cualquier otra actividad cotidiana. De esa idea surge una pregunta concreta: ¿Cómo te fue hoy en Internet?, que es el título de su primer libro, en el cual analiza las diferentes capas de la web para comprender cómo funcionan sus dinámicas y fortalecer el cuidado digital de las familias.
“El título surge de esa analogía de preguntarles: ‘¿Cómo te fue en la escuela? ¿Cómo te fue en el club? Bueno, ¿cómo te fue hoy en internet?’”, explicó el especialista. La pregunta no busca controlar cada movimiento, sino abrir un espacio para que los chicos puedan contar qué hicieron, con quién hablaron y cómo se sintieron.
Para que ese diálogo funcione, Navarro plantea que los adultos deben evitar que la primera respuesta ante un problema sea un reto o un castigo. De lo contrario, el miedo a una represalia, ya sea que le quiten el teléfono y les corten el acceso a Internet, puede quebrar la confianza, hacer que la próxima experiencia negativa permanezca oculta para el adulto, llevar a ,mantener la experiencia en secreto y recurrir solamente a sus amigos: “Para un chico, su 911 es otro chico. No puede ser así. El adulto debería construir confianza para ser el primer recurso al que acude una niña, niño o adolescente ante un problema o situación de riesgo en Internet. Si vos sos mi hijo, te mandaste una macana y yo te saco el celular, probablemente la próxima macana que te mandes no me la vayas a contar porque ya sabés cuál es el castigo”, explicó Navarro.
El especialista sostuvo que la prohibición puede legitimar una dinámica de clandestinidad y trasladar la actividad fuera de la mirada adulta. “La prohibición no hace desaparecer el peligro, sino que lo desplaza”, afirmó.
La misma lógica se aplica cuando se bloquea una red social o un videojuego. Las conductas violentas pueden trasladarse de un servicio a otro, como ocurrió durante la pandemia con el paso de Facebook e Instagram hacia plataformas de juegos como Roblox, Minecraft y Free Fire, según señaló Navarro.
Además, una situación de violencia puede comenzar en el aula y continuar en Instagram, WhatsApp o un videojuego. También puede ocurrir el recorrido inverso: un conflicto surgido en un chat puede trasladarse a la escuela al día siguiente: “Si no nos ponemos de acuerdo desde un criterio de corresponsabilidad entre la familia y la escuela, vamos a estar siempre corriendo atrás del problema cuando ya ocurrió”, explicó Navarro.
Esa coordinación resulta clave porque el entorno digital trasciende los espacios físicos y los problemas pueden cambiar de escenario sin desaparecer. En lugar de responder a cada episodio con una nueva prohibición, Navarro propone trabajar con criterios y herramientas de cuidado compartidos que puedan aplicarse tanto dentro como fuera de la escuela: “La alternativa es transmitirles que, pase lo que pase, yo como padre o docente voy a estar ahí, sin juzgarte, escuchándote, acompañándote y entendiendo que, en todo caso, siempre vas a ser la víctima y que no tenés absolutamente nada que ver con la situación. Esa es la clave”, aseguró.
Acompañar no significa vigilar cada movimiento
La presencia adulta tampoco debería transformarse en un monitoreo permanente. Navarro explicó que el riesgo puede desplazarse hacia otras cuentas cuando un chico se siente observado durante las 24 horas. Por ese motivo, no es de extrañar que una gran mayoría de los adolescentes tenga más un perfil activo en redes sociales: uno “oficial”, el que ven los padres, y otros “secretos”, que usan con sus mejores amigos, por ejemplo.
Para intentar evitar estas prácticas, Navarro propone construir normas que respeten su intimidad. “La prohibición no funciona. Y en muchos casos es peor. Apostamos al ‘sí con límites’ por sobre el ‘no’ rotundo. El ‘sí con límites’ requiere la construcción de pautas y reglas. Limitar no es prohibir”, sostuvo.
Esos acuerdos requieren trazar líneas y establecer criterios entre los adultos y los chicos. El objetivo es que sepan que pueden recurrir a una persona de confianza si algo sucede, en lugar de ocultarlo por miedo a la reacción o al castigo.
Leé también: Crece el uso de inteligencia artificial para la creación de contenido de abuso sexual a menores: ¿es delito?
La coherencia de madres y padres también forma parte del acompañamiento. Resulta difícil pedirles a los hijos que se desconecten cuando los adultos miran el teléfono durante la comida o interrumpen una conversación para responder una notificación. Por esa razón, Navarro sostiene que la desintoxicación digital debe formar parte de un plan y no reducirse a sacarles el celular a los menores.
El mito de los nativos digitales y su conocimiento de la tecnología
La idea de que los chicos son nativos digitales suele llevar a los adultos a pensar que no necesitan ayuda. Sin embargo, la facilidad para instalar una aplicación, crear una cuenta o manejar un videojuego no implica que sepan reconocer una amenaza o proteger su identidad.
“Hablo a diario con chicos que me dicen que no saben qué es internet, que no saben usarla. Los chicos no son nativos digitales porque no tienen un conocimiento profundo, robusto, completo. Nacieron en una era digitalizada; por ende, tienen mayor destreza, mayor habilidad, pero eso no los convierte en sujetos nativos digitales”, sostuvo Navarro.
Esa diferencia entre destreza y conocimiento obliga a los adultos a aprender los códigos de las plataformas que usan los menores. Navarro insiste en conocer su vocabulario, sus expresiones y los datos necesarios para comprender qué ocurre dentro de esos espacios: “¿Cómo te fue hoy en Internet? funciona como una guía para adultos que sienten que perdieron el idioma con el que deberían hablar sobre la vida digital de los chicos”.
La falta de diálogo puede dejar a los chicos sin una referencia adulta cuando se enfrentan a los problemas y riesgos de internet, como cuando reciben un mensaje que los incomoda o atraviesan una situación de violencia digital. (Foto: Adobe Stock)
La falta de diálogo puede dejar a los chicos sin una referencia adulta cuando se enfrentan a los problemas y riesgos de internet, como cuando reciben un mensaje que los incomoda o atraviesan una situación de violencia digital. (Foto: Adobe Stock)
Responsabilidad compartida: Familia, escuela y empresas
Para Navarro, la responsabilidad y el abordaje de este problema, no recaen únicamente en las familias y los docentes. “Las aplicaciones y empresas tecnológicas son parte del problema y deben ser parte también de la solución. ¿Cómo? Podemos empezar con sistemas eficaces de verificación de edad, mayor claridad sobre el uso de datos biométricos, políticas públicas de educación digital y regulaciones actualizadas frente al avance de la inteligencia artificial».
Leé también: El peligro de subir a las redes sociales fotos de los chicos con el uniforme escolar
Por último, Hernán Navarro aconseja a madres y padres que el punto de partida para comenzar a fomentar una relación de confianza con los hijos y el uso de Internet, consiste en preguntar, escuchar y aprender antes de que ocurra una situación grave: “La presencia adulta no requiere invadir cada conversación, pero sí demostrar que existe un espacio seguro al que los chicos pueden recurrir porque el espacio que no ocupe ese padre o madre lo va a ocupar otra persona, y muchas veces no lo hará con buenas intenciones, como es lo que estamos viendo a diario, con miles de casos de grooming, de violencia digital, etc”.
Qué hacer si un chico cuenta una situación de violencia digital
La primera reacción de los adultos puede determinar si el chico vuelve a pedir ayuda. Por eso, ante un episodio de ciberbullying, grooming u otra forma de violencia digital, es importante actuar sin culpabilizarlo y preservar la información que permita reconstruir lo ocurrido.
Escuchar sin retar ni minimizar. El primer paso es permitir que el chico cuente lo sucedido, acompañarlo y evitar preguntas o reproches que puedan hacerlo sentir responsable. La culpa siempre corresponde a quien ejerció la violencia.
Guardar las pruebas. Conviene conservar los chats, las imágenes, los videos, los correos, los números de teléfono, los nombres de usuario y los enlaces de los perfiles involucrados. También pueden hacerse capturas de pantalla en las que aparezcan las fechas y los horarios.
No buscar una venganza. Los adultos no deberían responder las agresiones, amenazar a la otra persona ni hacerse pasar por el chico para obtener más información. Esas acciones pueden aumentar el riesgo y, ante un posible delito, entorpecer una investigación.
Diferenciar el tipo de situación. Frente al ciberbullying, una vez preservadas las pruebas, las plataformas permiten bloquear y reportar a la persona acosadora. Sin embargo, si existe una sospecha de grooming, las recomendaciones oficiales indican no bloquear, enfrentar ni denunciar el perfil dentro de la plataforma antes de recibir asesoramiento o realizar la denuncia judicial, porque podrían perderse elementos útiles para la investigación.
Dar intervención a la escuela. Si participan compañeros o la situación afecta la vida escolar, es necesario comunicar lo ocurrido a la institución. La violencia puede continuar fuera del aula, pero eso no elimina la responsabilidad de la comunidad educativa de acompañar y buscar una respuesta coordinada con la familia.
Pedir ayuda y denunciar. La Línea 102 brinda orientación gratuita y confidencial ante situaciones que afecten los derechos de niñas, niños y adolescentes. En casos de violencia sexual o grooming, se puede llamar a la Línea 137, opción 1, o escribir por WhatsApp al 11-3133-1000. La denuncia por grooming también puede realizarse en una fiscalía o comisaría. Si existe un peligro inmediato, se debe llamar al 911 o al número local de emergencias.