Un estudio halló cómo los microplásticos empeoran los signos del hígado graso

Científicos detectaron que la exposición a partículas diminutas del material empeora señales de la afección, y que el deterioro se intensifica al sumarse una alimentación alta en grasas, fructosa y colesterol

Un investigador observa una muestra en un microscopio, frente a un monitor que muestra tejido adiposo. Varios frascos y tubos de ensayo se ven en la mesa del laboratorio.

Un estudio dirigido por la Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas (VMBS) de la Universidad Texas A&M concluyó que los microplásticos de polietileno pueden agravar el hígado graso, en especial cuando se combinan con una dieta rica en grasas, fructosa y colesterol.

Este hallazgo cuestiona la idea de que este material era biológicamente inerte y abre una nueva línea de investigación sobre su papel en enfermedades hepáticas crónicas.

La relevancia del resultado crece por dos datos que el propio trabajo pone en primer plano: el polietileno representa cerca de un tercio de la producción mundial de plástico y la enfermedad del hígado graso afecta a alrededor del 25 % de la población mundial, de acuerdo con la Fundación Americana del Hígado.

Los investigadores observaron que este plástico, por sí solo, aumentaba los signos de la enfermedad. Cuando se sumaba una dieta de perfil occidental, el daño hepático empeoraba.

“Ningún estudio ha analizado a fondo el efecto del polietileno en la salud del hígado, y es el plástico más producido”, afirmó Joshi, profesor asociado del Departamento de Fisiología y Farmacología Veterinaria de la Facultad de Medicina Veterinaria.

“Lo que sabemos ahora es que estos microplásticos, especialmente el polietileno, afectan los mecanismos naturales de defensa y reparación de nuestro hígado”.

El polietileno mostró efectos en un plástico considerado inerte

El trabajo se enfocó en un vacío específico: aunque otros microplásticos ya habían sido estudiados, el polietileno había recibido menos atención pese a su presencia extendida en envases de alimentos, film transparente, recipientes para almacenar comida y revestimientos de vasos para bebidas.

Esa pregunta de investigación era concreta: si un material de uso cotidiano y producción masiva podía contribuir a la enfermedad del hígado graso y por qué mecanismo lo hacía. La respuesta del estudio fue afirmativa en ambos planos: detectó un efecto sobre la afección y avanzó en la identificación de las vías biológicas implicadas.

“Quienes siguen una dieta más occidental, que incluye alimentos como hamburguesas y refrescos, pueden tener una mayor probabilidad de desarrollar hígado graso si también están expuestos al polietileno”, dijo Joshi.

El carácter llamativo del hallazgo radica en que el polietileno había sido considerado durante mucho tiempo uno de los microplásticos más inertes desde el punto de vista biológico. El estudio plantea que no solo puede influir en la salud hepática, sino que su impacto aumenta cuando actúa junto con factores alimentarios.

Detalle de un dedo cubierto por un guante de látex celeste, mostrando microplásticos de colores variados y algunas fibras blancas adheridas a la superficie.

Los investigadores plantean que otros tipos de microplásticos también podrían afectar el hígado (Imagen Ilustrativa Infobae)

La transcriptómica espacial permitió ubicar el daño dentro del hígado

Para investigar cómo actúa el polietileno, el equipo trabajó con investigadores de la Universidad de Oklahoma y utilizó transcriptómica espacial, una tecnología que permite examinar la expresión genética dentro de un tejido intacto y conservar la ubicación precisa de cada célula.

Con ese método, los científicos identificaron zonas concretas de daño en el hígado. También detectaron la activación de PPAR-alfa, una proteína vinculada con la regulación de la producción de grasa hepática, como un factor central en la respuesta del órgano a la exposición a microplásticos.

El análisis señaló además al gen ANXA2, relacionado con la reparación de tejidos, como otro posible componente del proceso de enfermedad. Para Joshi, reconocer esa vía ayuda a explicar de qué manera el polietileno altera la salud hepática y puede orientar nuevas estrategias terapéuticas.

“Este es el estudio pionero que demuestra que el polietileno puede contribuir a la enfermedad del hígado graso, y el uso de la transcriptómica espacial ha permitido determinar con precisión dónde se ha producido el daño dentro del hígado”, sostuvo.

“Otros microplásticos también podrían ser perjudiciales para el hígado, y sin duda debemos investigar otras clases de microplásticos”.

El equipo prevé ahora examinar si el polietileno también participa en etapas avanzadas de la enfermedad hepática, incluida la fibrosis. Los investigadores también buscarán determinar si la manipulación de la vía PPAR-alfa puede reducir los efectos nocivos del polietileno sobre el hígado.