Los equipos de rescate de Francia y España combaten el fuego contra reloj antes de la llegada de otra ola de calor

Las llamas arrasaron más de 116.000 hectáreas, obligaron a evacuar ciudades enteras y pusieron en jaque a los sistemas de emergencia de ambos países, ante una nueva ola de calor que amenaza con agravar la crisis

El cielo se ha vuelto color naranja-cobrizo y el aire irrita los ojos y sofoca los pulmones. En las rotondas de Gironda, columnas de humo se elevan como torres que se derrumban al revés, hacia arriba, mientras que a cien kilómetros de Madrid, colinas enteras se consumen bajo un sol impiadoso. En ambos territorios, bomberos y equipos de rescate combaten el fuego contra reloj antes de la llegada de otra ola de calor

Desde hace una semana, Francia y España arden juntas en un mismo incendio continental que nada, ni los aviones cisterna ni las plegarias, parece capaz de extinguir por completo. Los especialistas califican este fenómeno indomable de “tempestad de fuego”. La gente lo llama simplemente “el apocalipsis”.

El recuento es vertiginoso. En Francia, el fuego iniciado al norte de la cuenca de Arcachon, sobre la fachada atlántica, destruyó 19.000 hectáreas y 100 edificios en tres días, antes de continuar su avance hacia la vecina región de las Landes.

Desde el miércoles por la noche, se produjeron al menos 141.000 evacuaciones debido a los incendios que asolan el suroeste francés, con 110.000 personas evacuadas en Gironda y 31.000 en las Landes.

Una cifra que desde entonces se disparó: 220.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares y 438 casas e industrias quedaron reducidas a cenizas solo en esa región, mientras este lunes, las llamas se acercaban inexorablemente a Burdeos, corazón del viñedo mundial, y sus 850.000 habitantes, una proximidad que hiela la sangre a las autoridades locales.

En total, 42.000 hectáreas de bosques y pequeñas urbanizaciones fueron devoradas por las llamas, más de cuatro veces la superficie de París.

En España, las autoridades locales califican el incendio que devasta la región de Madrid como el más importante de su historia reciente. Arde desde el 16 de julio en las tierras áridas y poco pobladas de Castilla-La Mancha. En total, 76.000 personas fueron evacuadas en el país, mientras que otras 30.000 tuvieron que permanecer confinadas en sus hogares.

Este lunes, las autoridades de ambos países mencionaban signos de mejoría, aunque sin atreverse a hablar de un control total. En España, Pedro Sánchez calificó la noche como “muy positiva” en cuanto al control de las llamas, aunque advirtió que aún quedan horas difíciles por delante.

En Burdeos, el presidente Emmanuel Macron declaró “controlado” el incendio de las Landes, aunque no así en de la Gironda: “Las próximas semanas serán duras para el país”, reconoció el mandatario.

El fenómeno que comenzó hace apenas cinco días y dejó atónitos a los bomberos tiene un nombre bárbaro: “pyrocumulonimbus”. Se trata de una auténtica “tormenta de fuego”, donde el calor del incendio genera su propio sistema nuboso, capaz de proyectar brasas a kilómetros de distancia y de provocar rayos que inician nuevos focos.

“Es una estrategia de guerra. No dejan de bombardearnos y tenemos que poner a todo el mundo a salvo”, resumió con una metáfora el teniente coronel Éric Brocardi, portavoz de la Federación Nacional de Bomberos.

En la península de Cap-Ferret, evacuada de forma precipitada, al igual que en La Porge, las casas ardieron hasta los cimientos. Un residente, que regresó para inspeccionar los escombros de un barrio residencial devastado, solo encontró fachadas ennegrecidas donde, hace apenas unos días, transcurría su serena vida de jubilado.

Desde entonces, un avión DHC-8 Dash 8 de la seguridad civil lanza continuamente retardante rojo sobre Marcheprime, mientras unos 40 camiones de bomberos permanecen estacionados en un centro escolar convertido en puesto de mando, junto a cisternas cedidas por agricultores locales.

Ante la magnitud del desastre, Emmanuel Macron pidió a las Fuerzas Armadas que “se movilicen para reforzar al máximo la seguridad civil”. Una requisición excepcional que refleja la sensación de urgencia que embarga al ejecutivo.

 

Y la tregua prometida podría ser breve: Météo-France anuncia la probabilidad de una nueva ola de calor a partir de este martes, una perspectiva que inquieta incluso a la prefecta de Gironda, Sophie Brocas, quien teme una “agravación del fenómeno”.

 

Sumadas, ambas crisis han desplazado ya a más de 325.000 personas, una cifra que ascendió hasta superar los 370.000 desplazados a ambos lados de los Pirineos. El equivalente a la población de una gran metrópoli, lanzada a las carreteras en apenas unos días.

 

En el terreno, los relatos se asemejan, sea cual fuere el idioma. En un gimnasio reconvertido en centro de acogida improvisado al norte de Madrid, Roberto Velasco, de 84 años, relata haber huido de su pueblo, Navalagamella, sin saber qué llevarse, convencido de que su casa entera se quemaría.

 

Cerca de allí, Juan Manuel Moreno, de 71 años, natural de Aldea del Fresno, muestra en su teléfono fotos de las inundaciones de 2023 y de la tormenta de nieve Filomena en 2021: para él, “esta sucesión de catástrofes no es fruto del azar”.

 

En España, un hombre fue detenido el viernes bajo sospecha de haber provocado el incendio de Ávila utilizando maquinaria agrícola en una zona donde estaba totalmente prohibido. En Francia, desde el 6 de julio, los detenidos sospechados de delitos similares ascienden a 162.

 

El rey Felipe VI y la reina Letizia se desplazaron a un centro de evacuación en Villamanta, donde el monarca rindió homenaje a quienes tuvieron que abandonar sus hogares desde hace cuatro días y a quienes lo han perdido todo. Incluso desde el Vaticano, el Papa ha pedido rezar por las víctimas y por los equipos de rescate movilizados.