El presente de Gimnasia y Esgrima de Jujuy en la Primera Nacional no admite relajaciones. Por eso en el búnker “Albiceleste” en Río Blanco es hoy un laboratorio de intensidad y autocrítica constructiva. El equipo que conduce Hernán Pellerano transita momentos de trabajo febril pensando en lo que será el choque ante Quilmes, un duelo que se perfila como uno de los más complicados del calendario. En este contexto de preparación, un nombre propio empieza a ganar peso en la consideración del entrenador y en el clamor de la hinchada: Octavio Bianchi.
El experimentado atacante, que llegó con el rótulo de refuerzo de jerarquía, atraviesa un presente de idilio con la red. Su ingreso en el segundo tiempo ante Chacarita Juniors no solo le cambió la cara a la ofensiva del «Lobo», sino que fue él quien, a los 27 minutos del complemento, sentenció el 1 a 1 definitivo tras una jugada colectiva que rompió el cerrojo «funebrero». Bianchi está en racha, y en el fútbol, las rachas son capitales que no se pueden desperdiciar. Con su conquista ante el conjunto de San Martín, el delantero se consolidó como uno de los máximos artilleros del elenco jujeño y, según se desprende de los últimos entrenamientos, «pide titularidad» para el compromiso del próximo lunes. Lleva cinco tantos en el certamen y tiene una racha que merece ser tenida en cuenta.
Pellerano sabe que necesita contundencia. Si bien es temprano para confirmar modificaciones en el once inicial, la posibilidad de que Bianchi reemplace a un atacante. La inteligencia emocional y el olfato goleador de Bianchi son las herramientas que el «Lobo» necesita para volver a sumar de a tres por primera vez en esta segunda ronda del torneo. La premisa es clara: recuperar la efectividad que se vio empañada en el arranque del partido anterior, donde los goles anulados a Francisco Molina y Mauro Cachi privaron a Gimnasia de una victoria que parecía segura desde el trámite inicial. Quedan entrenamientos y la inclusión de Bianchi es una alternativa que merece ser estudiada.