El fútbol suele tener guiones caprichosos, y lo que se perfilaba como una de las victorias más trabajadas y valiosas del ciclo de Hernán Pellerano, terminó transformándose en un empate con sabor a poco en la tarde de Libertad. Gimnasia y Esgrima de Jujuy empató 1 a 1 frente a Midland, en un partido válido por la vigésima fecha de la Primera Nacional. El «Lobo», que llegó a Buenos Aires con la chapa de líder absoluto de la Zona B, debió apelar a toda su resiliencia física y táctica para disimular las ausencias y, sobre todo, la inferioridad numérica. Sin embargo, cuando los tres puntos ya parecían viajar hacia la «Tacita de Plata», la ley del ex se hizo presente para repartir unidades.
Desde el pitazo inicial de Felipe Viola, quedó claro que el partido presentaría obstáculos adicionales. El césped sintético del estadio de Midland fue el primer gran rival para el conjunto jujeño. A Gimnasia le costó horrores hacer pie y adaptarse al pique de la pelota y a la velocidad de la superficie, un terreno que el local conoce de memoria y que supo aprovechar en los primeros quince minutos para manejar las llegadas de peligro. Fue en ese tramo inicial donde emergió la figura de Alvarez; el arquero de Gimnasia fue determinante desde el arranque, tapando dos disparos con destino de red que podrían haber cambiado el rumbo del partido de manera prematura.
Cuando el equipo de Pellerano empezaba a acomodarse, encontrando sociedades entre Argañaraz y Bianchi, quienes inquietaron con un par de disparos de media distancia, llegó el primer gran revés: la expulsión de Claudio Pombo. En una jugada fortuita pero castigada con severidad por el árbitro, el volante creativo dejó al «Lobo» con diez hombres cuando mejor se sentía en el campo. Ante este panorama, Pellerano debió reordenar las piezas rápidamente, apelando a la solidez de la dupla central conformada por Varela y Cosaro, quienes debieron multiplicarse para cubrir los espacios ante la ausencia de Dematei.
Lejos de amedrentarse por la inferioridad numérica, Gimnasia mostró el carácter del puntero. Cerca del cierre de la primera etapa, el equipo jujeño forzó un tiro de esquina que resultaría vital. Tras un centro preciso, Minervino se anticipó a toda la defensa de Midland en el primer palo y, con un testazo certero, la mandó a guardar para abrir el marcador. El 1 a 0 era un premio a la efectividad y a la inteligencia de un equipo que supo sufrir y golpear en el momento justo antes de irse al descanso.
En el complemento, la tónica del partido cambió drásticamente. Con la ventaja en el marcador y un hombre menos, Gimnasia retrocedió líneas y apostó a sostener el resultado. Midland, empujado por su necesidad y por el cansancio físico que empezaba a pasar factura en los jujeños (quienes venían de trabajar intensamente en la resistencia física durante la semana en Papel NOA), salió con todo a buscar el empate.
Fue entonces cuando el partido se convirtió en un monólogo del local y un festival de atajadas de Alvarez. El guardameta jujeño se transformó en la gran figura del encuentro, negando el gol en al menos cuatro ocasiones claras. Sus intervenciones fueron de otro planeta, sacando incluso pelotas sobre la misma línea de sentencia. El «Lobo» resistía con el overol puesto, aferrándose a una victoria que lo hubiera despegado aún más en la tabla de posiciones tras el receso.
Sin embargo, el fútbol no sabe de merecimientos sino de contundencia. Ya en el tiempo de descuento, cuando se jugaba el minuto 50 del segundo tiempo y la victoria parecía estar en el bolsillo de Pellerano, llegó el mazazo. Un centro cruzado al área encontró la cabeza de Perales, un viejo conocido de la casa albiceleste. El defensor cumplió con la inexorable «ley del ex» y puso el 1 a 1 definitivo.