Por Claudio Jacquelin – Sin adversarios políticos en condiciones de disputarle poder real, el gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más críticos en el ingreso a la segunda y última mitad de su mandato.
Los principales problemas que afronta la administración libertaria se han convertido y se sintetizan en cinco trampas de las que no logra salir. En algunos casos porque no puede, en otros porque no sabe y en otros porque no quiere.
Ese quinteto de conflictos hoy horada parte de su capital y atenta contra los logros políticos y económicos alcanzados en los dos primeros años de gestión, muchos de ellos inimaginables para observadores neutrales y rivales.
La lista, que lejos está de ser taxativa, está compuesta por:
Escándalos éticos, de fuerte penetración en la sociedad, que contradicen el discurso oficialista y, en algunos casos, han roto el contrato establecido con buena parte de sus electores.
Problemas de comunicación, falta de estrategia y ausencia de voceros efectivos y creíbles para enfrentar la crisis.
Disputas internas sin fin, instaladas en la agenda pública, que muestran conflictos por el poder en el seno de un gobierno de muy pocos, que dificulta la toma de decisiones, paraliza acciones y expone problemas de liderazgo.
Una burbuja endogámica e impermeable, donde se evita que penetren opiniones, ideas y cuerpos extraños.
Y, último, pero no menos importante, sino todo lo contrario, una economía con muchos tropiezos, que no termina de dar respuesta a muchas de las demandas de la mayoría. En cambio, la sociedad da señales de sentirse sometida a un esfuerzo que empieza a dejarla extenuada antes de llegar a disfrutar de la mejoría, que, en buena medida, se agotó con la interrupción, hace once meses, del sendero descendente de la inflación.
La corrupción
La saga del AdorniGate, que durante la semana pasada alcanzó otro pico de impacto, expuso con elocuencia que la táctica de no tomar decisiones y esperar para hacerlo a que baje el interés social en el tema había fracasado.
El rating de los canales de noticias, la tasa de lectura en los portales de los medios y la preeminencia entre los temas políticos en las redes sociales exponen la permanencia y el interés que despierta el caso protagonizado por el jefe de Gabinete, a raíz de su prodigioso raid inmobiliario de los últimos dos años y de los gastos suntuarios en los que incurrió. A pesar del magro salario que como vocero primero y como jefe de ministros después cobraba, al menos, hasta diciembre del año pasado.
Adriana Mónica Nechevenko, la escribana que admitió que pese a conocer a Adorni desde hace dos décadas, sólo en los últimos dos años hizo operaciones inmobiliarias
Adriana Mónica Nechevenko, la escribana que admitió que pese a conocer a Adorni desde hace dos décadas, sólo en los últimos dos años hizo operaciones inmobiliarias
Ricardo Pristupluk
La aparición en los medios de la singular escribana Adriana Nechevenko, que participó en las todavía más singulares operaciones de compra-venta de inmuebles, no solo no logró disipar dudas. Por el contrario, las ahondó. Especialmente cuando Nechevenko admitió que pese a conocerlo a Adorni desde hace dos décadas, sólo en los últimos dos años hizo operaciones de ese tenor. “Se le dio todo junto”, afirmó en medio de lo que no quedó claro si se trataba de una risa nerviosa o frívola.
La performance de la escribana no solo expuso la dificultad para explicar un hecho de evidente interés público, de fácil penetración en las audiencias masivas y de fuerte impacto en una sociedad para la cual el acceso a la vivienda propia se ha convertido mayoritariamente en una auténtica quimera.
Para agravar el malestar, luego se conocieron los créditos hipotecarios del Banco Nación a los que accedieron al menos cinco altos funcionarios del Gobierno, tres de ellos pertenecientes al equipo económico o con incidencia en el área financiera oficial. Se sumó que uno, el mediático polemista Federico Furiase, lo obtuvo para aumentar su acervo inmobiliario, dado que ya contaba con vivienda (o dos). Sobre llovido, mojado.
La sucesión de hechos reñidos, como mínimo, con la transparencia repone lo que algunos inquilinos del primer piso de la Casa Rosada dicen haber leído en un chat adjudicado a Santiago Caputo, en referencia a la disputa con el ala karinista: “El mayor problema no son los egos sino la voracidad por satisfacer consumos postergados”. Se remonta al último trimestre del año pasado. La duda es si, desde entonces, las cosas empeoraron o si solo se consolidó una línea de conducta.
La comunicación
El AdorniGate resalta, además, otra de las trampas de las que el Gobierno no logra zafarse. Es la ausencia de una política comunicacional de crisis, que golpea más por tratarse de una fuerza política que, en buena medida, accedió al poder con más rapidez que ninguna otra en las últimas cuatro décadas por su extraordinaria habilidad comunicacional para vincularse y seducir a audiencias y electores. Esa comunicación tenía por eje central la lucha contra la casta de los que utilizaban el Estado para mejorar su situación personal.
En esa debilidad cobra mayor dimensión la ausencia de voceros efectivos y respetados que padece el Gobierno, tras la sucesión de tropiezos de Adorni, que se inició hace ya un mes con la revelación de que su esposa había viajado a Nueva York en el avión presidencial. Desde entonces no solo no pararon de aparecer gastos sospechados y sospechosos del jefe de Gabinete con los que trastabilló las escasas veces que intentó aclararlos sin éxito.
También quedaron desacomodados los demás funcionarios que trataron de justificarlo para terminar como escudo de última instancia el propio Javier Milei, quien debió poner su cara, su cuerpo y su voz para cubrirlo. El presidente se convirtió así en el fusible de su gabinete y dejó a la vista una instalación central raquítica de protecciones.
La decisión de enviar a la escribana Nechevenko a hablar en los medios expuso la vacancia que se registra en la vocería oficial, otrora motivo de orgullo libertario, en los buenos tiempos en los que el expanelista Adorni vapuleaba a todo contradictor o interrogador incisivo. No solo la notaria terminó ridiculizada en las redes sociales. Debilitó la narrativa y la credibilidad oficial. Un duro golpe para el estreno de la moral como política de Estado. Aunque la escala moral mileísta sea tan subjetiva, como lo explicó su líder.
Del costo para la imagen presidencial y la del Gobierno por el caso Adorni, por la reinstalación del escándalo de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad, por la permanencia del criptogate $LIBRA y por los créditos hipotecarios de funcionarios libertarios, agravado por el contexto económico, ya dan cuenta la mayoría de las encuestas realizadas en las últimas dos semanas.
En ese plano resalta el pico alcanzado en el Índice de Irascibilidad Social (IDI) que elabora la consultora Casa Tres. “En marzo, el IDI perforó el piso alcanzado en febrero: cayó cinco puntos y se ubicó en -19, el registro más bajo desde el inicio de la serie, hace dos años. Esto confirma que la crispación no solo persiste, sino que profundiza su tendencia negativa”, escribió la titular de la encuestadora, Mora Jozami, en el sitio digital Seúl.
Ya nadie tiene dudas del efecto de esos hechos adversos sobre el Gobierno. Al respecto, el director de Poliarquía, Alejandro Catterberg, anticipó el viernes pasado que en la medición en curso de esa consultora seguramente se advertirá un deterioro en la imagen oficial. La presunción cobra relevancia por el hecho de que esa encuestadora había estado en soledad (entre las respetables) cuando publicó que en su medición de marzo todavía se daba un equilibrio entre las opiniones positivas y negativas sobre Milei.
“Adorni ya se tendría que haber ido, pero lo que significa para los Milei y la creencia equivocada de que el escándalo iba a bajar lo sostuvo. Y, a eso, se suma la disputa entre Karina y Santiago [Caputo]. Por eso, el escándalo de [José Luis] Espert se resolvió más rápido. Aunque Javier lo bancaba y era él el que lo había puesto al frente de la lista de candidatos a diputados nacionales, ahí no había grietas entre Karina y Santiago. Los dos empujaban para bajarlo. Ahora eso no existe y a Javier le cuesta mucho resolverlo”, explica un conocedor de la interna libertaria.
La interna
La interna que desangra a la cúpula del poder aparece como otra de las trampas de las que Milei no puede o no sabe cómo salir. El avance vertiginoso de su hermana y el retroceso inocultable del asesor no terminaron, sin embargo, por resolver la pelea.
La crisis le volvió a dar una pequeña revancha a Caputo y retomó su rol como fuente de consulta en materia comunicacional, pero nadie cree en el mileísmo que eso devuelva la concordia ni que Milei resuelva la discordia. Los chantajes sentimentales de los contendientes sobre el presidente gozan de una notable eficacia, para muchos inexplicable, sobre todo, en lo que al asesor se refiere.
“Este es un loop eterno, una espiral que solo se acelera sin solución. Cada vez que Karina avanza sobre Santiago, éste va y le plantea al presidente que así no puede ni está dispuesto a seguir. Después de un rato de discusión, Javier termina pidiéndole que se quede, prometiéndole la recuperación del poder y una contención de Karina y los suyos. Y se cierra con calurosos abrazos. Pero eso dura un tiempo y vuelve a empezar. El vínculo entre ellos es demasiado peculiar”, dice con resignación un destacadísimo mileísta, que conoce como pocos la intimidad del poder libertario y