Keiko Fujimori lo hizo otra vez. La hija del dictador competirá por la Presidencia por cuarta vez consecutiva tras imponerse en una primera vuelta ensombrecida por el escándalo provocado por los errores de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). La extravagancia fue tal que la jornada electoral se prolongó hasta la tarde de este lunes para 50.000 votantes en la capital, tras los graves retrasos y la falta de material electoral del domingo, que incluso condujeron a la detención del gerente de gestión electoral del organismo público.
El sonrojo nacional acompañó la publicación de los primeros resultados, que aseguran el pase a segunda vuelta de la populista de derechas, una nueva oportunidad para sentarse en el Sillón de Pizarro. La lentitud del recuento abre interrogantes sobre quién será su rival, porque superado el 50% del escrutinio oficial, tres candidatos pugnan, en una especie de empate técnico, por la segunda plaza en un rush final apasionante.
Por lo tanto, máxima expectación e incertidumbre en un país político donde todo parece posible. A la cabeza del recuento, aunque sea de forma provisional, se mantiene el trumpista Rafael López Aliaga (14,39%), por delante del centrista Jorge Nieto (12,73%), la gran sorpresa del domingo electoral, y del izquierdista Roberto Sánchez (8,13%), heredero político del golpista Pedro Castillo. Pero, mientras los dos primeros pierden votos según avanza el escrutinio, Sánchez y su sombrero mágico (el famoso de alas blancas que le regaló Castillo desde la cárcel) avanzan a pasos agigantados gracias al apoyo del sur andino.
Otro dato a su favor es que en Lima, gigantesco granero electoral de López Aliaga (fue su alcalde hasta hace unos meses), ya se habían recontado más del 80% de las papeletas, mientras en los feudos izquierdistas del interior apenas se acercaban al 50%.
En favor de la candidatura de Sánchez también se sumó este lunes el conteo final presentado por la organización Transparencia y la empresa Ipsos, una proyección sobre cientos de actas recogidas. El abanderado de Juntos por el Perú disputaría la Presidencia a Keiko, con apenas un punto de ventaja sobre Aliaga, conocido como Porky. Eso sí, con la advertencia de que ellos dos y el sorprendente Nieto presentan un empate estadístico, por lo que todo puede pasar en las próximas horas.
«El enemigo es la izquierda. Nuestro país está más cerca de recuperar el orden», arengó Keiko tras conocer el avance de los escrutinios. Su derrota en 2021 contra Pedro Castillo, candidato de Perú Libre -partido marxista-leninista y principal defensor andino, junto a Evo Morales, de las dictaduras latinoamericanas-, sumó a Perú a la oleada rosa de gobiernos izquierdistas que, transcurridos cinco años, ha declinado en favor de los gobiernos cercanos a Washington.
En Sudamérica, sólo Brasil y Colombia, con elecciones este año, más Uruguay y Venezuela (bajo protectorado de Estados Unidos), mantienen gobiernos de izquierda, frente al bloque de derecha y centro conformado por Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador y Paraguay.
Las elecciones peruanas cobran de esta forma una importancia geopolítica tal vez inmerecida, a tenor de la inestabilidad manifiesta de sus gobernantes: en las dos últimas legislaturas ha contado con ocho presidentes, tras las destituciones de seis de ellos. El batiburrillo ideológico provocado por tantos cambios (se pasó del marxista Castillo a la indefinida Dina Boluarte, aliada de la derecha, que dio paso por unos meses al moderado José Jerí, que dejó su lugar al izquierdista José María Balcázar) desinfló las alianzas internacionales de Perú.
Otro récord mundial, como el del número de candidatos (35), pese a que se trata de uno de los oficios más peligrosos conocidos en política: cuatro ex presidentes siguen los resultados electorales desde la prisión limeña de Barbadillo.
«Hermanos de Lima, nos han hecho un fraude brutal. Vayamos a votar porque nos puede dar un punto más», arengó a sus seguidores el ultraderechista López Aliaga, mimetizando la estrategia de su admirado Donald Trump.
«Estamos en plena pelea. Esto no ha acabado, la distancia se hace cada minuto más corta y hay votaciones en curso. La lucha continúa», disertó Nieto, siempre ponderado con su lenguaje.
Mientras tanto, Sánchez esperaba el fin de la segunda jornada electoral en su comando de campaña, en compañía de quien fuera militar rebelde, el polémico Antauro Humala.
Mucho más comedida permaneció este lunes la ganadora provisional, sabedora de que su futuro político dependerá en gran manera de quién sea su rival en la segunda vuelta de junio. «Y no sólo del nombre de su rival, sino también de si el electorado está listo para la democradura que promete Keiko. En esta coyuntura política, el votante peruano está preocupado por la seguridad y es lo que ella siempre ha ofrecido, el estilo de gobierno de su padre. Sin duda, estamos ante la mejor oportunidad para Keiko», explica a EL MUNDO el analista John Polga-Hecimovich.