Los detalles de esas conversaciones —mediadas principalmente por Pakistán, con llamadas de último momento y la intervención directa del nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei— fueron reconstruidos por el medio Axios a partir de fuentes con conocimiento directo del proceso.
El resultado fue un acuerdo de alto el fuego de dos semanas que evitó, al menos por ahora, una escalada mayor del conflicto y que podría abrir la puerta a nuevas negociaciones.
Lunes 6 por la mañana
Con el plazo del ultimátum acercándose, funcionarios estadounidenses e israelíes recibieron una señal clave: el propio Jamenei había ordenado a sus negociadores avanzar hacia un acuerdo, algo que no había ocurrido desde el inicio de la guerra.
Mientras tanto, en la Casa Blanca, Trump participaba de un acto por Pascua en un clima distendido que contrastaba con la tensión detrás de escena. En paralelo, su enviado especial, Steve Witkoff, realizaba intensas gestiones para destrabar el diálogo.
Según las fuentes citadas, Witkoff recibió una contrapropuesta iraní de diez puntos que consideró “inaceptable”. A partir de ese momento, se inició una carrera contrarreloj.
Los mediadores paquistaníes comenzaron a intercambiar borradores entre Witkoff y el canciller iraní, Abbas Araghchi, mientras Turquía y Egipto intentaban acercar posiciones.
Lunes 6 por la noche
Hacia la noche, Estados Unidos ya había dado el visto bueno a una versión actualizada del acuerdo: un alto el fuego de dos semanas. La decisión final quedó en manos de Jamenei, quien participó activamente durante toda la jornada.
Su intervención fue clave, aunque discreta: las comunicaciones se realizaron principalmente a través de mensajeros y notas escritas. Según fuentes regionales, ninguna decisión importante se tomó sin su aprobación.
En paralelo, Araghchi jugó un papel determinante no solo en la negociación externa, sino también en persuadir a sectores duros dentro de Irán, como la Guardia Revolucionaria, de aceptar el acuerdo.
Otros actores también influyeron en el proceso. China, por ejemplo, aconsejaba a Teherán buscar una salida diplomática.
El martes, Trump elevó la tensión con declaraciones alarmantes: advirtió que “toda una civilización” podría desaparecer si Irán no cedía, y reiteró su amenaza de atacar infraestructura clave.
Aunque estas palabras parecían poner en riesgo las negociaciones, los contactos continuaron. Contrario a algunos reportes iniciales, Irán no había abandonado el diálogo y aún existía margen para un acuerdo.
Durante todo el día, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, mantuvo contacto constante con Washington, aunque en su entorno crecía la preocupación por la pérdida de control sobre el proceso.
Por su parte, el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, también intervino desde Hungría, en comunicación con funcionarios paquistaníes.
Martes 7 al mediodía
Al mediodía, ya existía una percepción general de que ambas partes convergían hacia un alto el fuego. Horas después, el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, publicó los términos del acuerdo y llamó a aceptarlos.
En Washington, la propuesta generó divisiones. Trump recibió presiones de sectores más duros para rechazarla, y hasta último momento reinó la incertidumbre sobre su decisión.
De hecho, incluso personas cercanas al presidente creían que descartaría el acuerdo apenas horas antes de que finalmente lo aceptara.
Mientras tanto, el Pentágono continuaba preparando una posible campaña de bombardeos, y los aliados en la región se alistaban ante una eventual represalia iraní.
Dentro de Irán, la tensión también era palpable: crecían los temores entre la población civil y algunos comenzaban a abandonar sus hogares ante la posibilidad de ataques inminentes.