Por qué los bombardeos aéreos no bastan para acabar con el régimen iraní

La intensa campaña aérea de Estados Unidos e Israel ha golpeado con dureza la infraestructura y el liderazgo del país persa, pero no ha supuesto su colapso.

De la misma forma que ha sucedido con otros conflictos, sin operaciones terrestres este castigo puede reforzar la cohesión interna

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Ni durante la guerra de Vietnam, ni contra Sadam Huseín en la guerra del Golfo de 1990, ni durante el conflicto armado de los Balcanes en Kosovo. La evidencia histórica y el análisis estratégico demuestran que en muchas ocasiones el poder aéreo no es suficiente por sí solo para lograr una victoria definitiva o derribar a un régimen o Gobierno. Los bombardeos permiten destruir infraestructuras y degradar capacidades militares, pero el control político y territorial exige presencia sobre el terreno. Y lo que es más relevante: los ejemplos históricos también constatan que las estrategias de ‘decapitación’ o castigo a la población no siempre son decisivas, sino que en muchas ocasiones refuerzan la cohesión interna y el nacionalismo de los países atacados. El caso iraní aplica en un claro ejemplo de esto: tras casi un mes de intensos ataques por parte de Estados Unidos e Israel, el régimen de los ayatolás ha conseguido aguantar y lanzar sucesivas oleadas de contraataques a lo largo del golfo Pérsico.

A pesar del asesinato de muchas de sus figuras clave, incluido el líder supremo Alí Jamenei y varios dirigentes de la élite política y militar, la estructura institucional y de seguridad del país le ha permitido hasta ahora recomponer su liderazgo y resistir a la presión militar, al tiempo que ha mantenido un importante grado de cohesión interna. De esta forma, y aunque la campaña aérea ha destruido infraestructuras claves iraníes como sus instalaciones militares y nucleares, la rendición iraní aún queda muy lejos. Mientras tanto, el conflicto se dirige hacia una dinámica de desgaste entre las dos partes que ya está generando importantes turbulencias en la economía internacional.

Irán: un régimen diseñado para resistir

A diferencia de regímenes más personalistas como el de Corea del Norte, el sistema político y de seguridad de Irán está profundamente institucionalizado y diseñado para resistir agresiones externas. Diversos análisis coinciden en que la República Islámica presenta una gran capacidad de resiliencia, sustentada en densas redes políticas y de seguridad que le permiten absorber intentos de “decapitación” y reemplazar con rapidez a sus figuras clave. Esta arquitectura se ha articulado en torno al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, las fuerzas armadas convencionales (Artesh) y la milicia Basij, generando capas superpuestas de defensa con un buen grado de autonomía operativa y capaces de mantener la continuidad del sistema incluso si el mando central colapsa.

Como señala el analista Bijan Khajehpour, la presión externa ha tendido de hecho a endurecer la postura del régimen iraní en lugar de debilitarlo. Así ocurrió con la estrategia impuesta por Donald Trump a partir de 2018, cuando se retiró del acuerdo nuclear con Irán e impuso sanciones a todo el sector financiero y energético del país. El golpe contra la economía iraní se ha extendido desde entonces, provocando episodios de hiperinflación, empobrecimiento y malestar. Sin embargo, las numerosas protestas ciudadanas han sido duramente reprimidas y  no han derivado en una fragmentación interna del régimen.

De la misma forma, cualquier intento externo de influir en la política del país ha sido percibido como una amenaza existencial, lo que ha fomentado el cierre de filas y la rápida reconstrucción de las cadenas de mando. Así ha sucedido también durante el ataque masivo lanzado por Estados Unidos e Israel: tras el asesinato de Alí Jamenei, el régimen se aseguró una rápida continuidad en el liderazgo mediante la designación de su hijo Mojtaba Jamenei como sucesor.

En este contexto, para que una campaña aérea desencadenase la caída interna del régimen sería necesaria una insurrección capaz de disputar el control territorial. En las primeras horas del ataque, Netanyahu y Trump llamaron a un levantamiento interno que tomase el poder. Sin embargo, la oposición iraní —tanto dentro del país como en la diáspora— permanece fragmentada, carece de cohesión organizativa y no dispone de capacidades suficientes para constituir una amenaza existencial frente a unas fuerzas de seguridad cohesionadas y bien equipadas.