Jujuy en la cornisa: si la guerra se alarga, la Provincia paga el costo de una alianza sin margen

Con la coparticipación cayendo y la recaudación enfriándose, Jujuy quedó en modo “supervivencia fiscal”.

Pero el mundo también cambió: la guerra en Medio Oriente tensiona el petróleo y el gas, y el Estrecho de Ormuz —la yugular energética— entra en zona crítica. Irán amenazó con cerrar el paso y atacar buques, y el mercado ya reaccionó con salto de precios. En paralelo, Trump exhibe una diplomacia de premios y castigos: anunció que ordenó “cortar todo comercio” con España. En ese tablero, Argentina —dependiente de financiamiento y respaldo externo— queda atada a la agenda del “gendarme”, y las provincias tiemblan.

A Jujuy no la amenaza un fantasma abstracto: la amenaza tiene fecha de vencimiento y se llama caja. Cuando la recaudación se enfría, cuando la coparticipación pierde volumen y cuando el consumo afloja, la provincia deja de discutir “desarrollo” y pasa a discutir “aguante”. El crédito externo, en ese cuadro, no aparece como plan: aparece como respirador.

Pero el problema ya no es solo local. La guerra con Irán reventó el tablero energético y dejó una advertencia que debería leerse en cada intendencia: si el mundo se incendia, la inflación vuelve por la ventana. Irán anunció el cierre del Estrecho de Ormuz y amenazó con atacar cualquier buque que intente cruzarlo. Eso no es un titular: es el punto donde el petróleo y el gas se convierten en arma, y la economía global entra en modo pánico.

En el minuto siguiente, los precios hicieron lo que siempre hacen: saltaron. Y con ellos saltan fletes, seguros, energía y alimentos. Los informes ya hablan de un escenario de riesgo inflacionario global por energía, porque alternativas logísticas no reemplazan la capacidad de Ormuz. Para Argentina, esto significa una cosa simple: inflación importada, aunque el Gobierno repita que “todo está bajo control”.

Ahora sumemos el segundo incendio: la geopolítica de Trump en modo castigo. El presidente dijo públicamente que ordenó a su secretario del Tesoro “cortar todo trato” y “cortar todo comercio” con España. Si esto es así, no es un episodio bilateral: es un mensaje a Europa y al mundo. Es la confirmación de que el orden internacional funciona cada vez más como una relación de fuerza: “el que no acompaña, queda afuera”.

¿Y qué tiene que ver esto con Jujuy? Todo. Porque cuando el “gendarme del mundo” se concentra en una guerra, no reparte tiempo, no reparte paciencia y, sobre todo, no reparte recursos gratis. La lógica pasa a ser transaccional: apoyo por apoyo. Y en ese esquema, las provincias que necesitan oxígeno financiero quedan mirando a Buenos Aires, y Buenos Aires queda mirando a Washington.

El punto es incómodo: Argentina no está jugando un ajedrez soberano, está jugando un partido condicionado por financiamiento, por mercados y por respaldo externo. La evidencia de que el Tesoro de EE.UU. fue clave en un salvataje financiero reciente quedó explícita cuando el propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirmó que Argentina repagó un “lifeline” preelectoral y presentó esa intervención como una estabilización de un aliado regional. Si ese fue el rescate de ayer, el mensaje de hoy es más duro: el mundo no te rescata por cariño; te rescata por interés.

Y ahí aparece la pregunta que quema en Jujuy: ¿la guerra “debe” ser corta? No porque uno desee un conflicto, sino porque una guerra larga es un impuesto global que cae sobre las economías débiles. Si el petróleo y el gas se sostienen altos, la inflación vuelve a acelerar y la recesión se endurece. En Argentina, incluso con inflación mensual en torno a 2,9% en enero, ya hay tensión y discusión sobre la medición y sobre la inercia. Con energía más cara, esa calma nominal se vuelve más frágil.

Para Jujuy, el escenario es quirúrgico: menos recaudación nacional implica menos margen provincial; menos margen provincial implica más estrés municipal; y más estrés municipal implica lo que nadie quiere firmar pero todos saben: recortes no simpáticos. Salarios, programas, obra pública, servicios. El capital político se quema rápido cuando la caja se queda sin aire.

La verdadera alarma es esta: si el plan termina siendo “endeudarse para sobrevivir”, Jujuy entra en un círculo peligroso. Porque la deuda en dólares no es neutral: exige estabilidad, exige crecimiento, exige previsibilidad. Y hoy el mundo ofrece exactamente lo contrario: volatilidad, energía cara y conflicto.

En síntesis: Jujuy no necesita solo plata; necesita un plan de autonomía fiscal y productiva. Porque si el destino de la provincia depende de si Washington está ocupado o disponible, entonces el problema no es el crédito: el problema es la dependencia. Y cuando el mundo se pone en guerra, la dependencia no es una estrategia: es una sentencia.