Una cruzada épica para aguantar hasta octubre

Milei revive el libreto de la campaña de 2023 y enfrenta la crisis cambiaria con un mensaje intransigente; las internas, los cálculos del futuro Congreso y las velas que le prende a Trump

Por Martín Rodríguez Yebra

Javier Milei entre la gente, durante el acto en Parque Sarmiento, en la ciudad de Córdoba

Lo peor no había pasado. Cuando Javier Milei partió hacia Córdoba, el viernes, ya era evidente que la crisis cambiaria se estaba acelerando. La tormenta que se posaba sobre la Capital le daba una excusa para no volar y quedarse a monitorear el plan “hay dólares para todos” anunciado por el ministro Luis Caputo. Se negó siquiera a considerarlo: debía cumplir la misión indelegable que se propuso desde que la derrota electoral en Buenos Aires marcó un quiebre en la historia de su presidencia.

“Me puse la campaña al hombro”, dijo al llegar. Reapareció el Milei-profeta de los días felices. El de las metáforas de Moisés y el mar Rojo. El que canta a capela su canción favorita de La Renga y maldice a “la casta”. El que desmiente sus fragilidades con historias autoindulgentes destinadas a alimentar la fe de los creyentes.

Era como una película en la que la imagen no encaja con el sonido. De un lado el despliegue eufórico y optimista del Milei candidato en Córdoba; del otro, un “Panic Show” financiero que movió al Banco Central a desprenderse de 678 millones de dólares de las reservas en solo una ronda. El mercado insensible, otra vez: le hablan con la Biblia y responde con el bolsillo.

El vértigo económico nubla la naciente estrategia de campaña de Milei con preguntas inquietantes: ¿se puede sostener hasta octubre el programa de Caputo?, ¿cómo hará el Gobierno para frenar la salida de reservas?, ¿qué pasa si la demanda no se calma?

 

Milei y Caputo han blindado el discurso con la premisa de que el plan es el correcto, que está funcionando y que las turbulencias actuales son producto de un “ataque planificado” por el kirchnerismo para perjudicar las opciones electorales de La Libertad Avanza (LLA). Ubican la solución a cinco semanas de distancia: “Vamos a pintar el país de violeta y retomaremos el sueño de hacer Argentina grande nuevamente”.

 

Por debajo, el oficialismo vive horas de deliberación. Asumen que el mensaje de campaña y las señales de gestión transitan carriles distintos. Milei reflotó la idea de un préstamo del Tesoro de Estados Unidos, poco antes de partir a Nueva York para participar de la Asamblea de las Naciones Unidas. Caputo también habló de gestiones para garantizar el pago de los vencimientos de enero y julio (unos US$9000 millones).

 

Las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de la semana que empieza apuntan a ofrecer un horizonte después del 26 de octubre. Milei le pone fichas a la conversación con Donald Trump, agendada para el martes. Espera un gesto que conmueva al capital y traiga calma hasta las elecciones.

 

La presión sobre el dólar refleja la certeza instalada entre los actores económicos de que el esquema cambiario de flotación entre bandas tiene los días contados. La aceleración de las últimas dos jornadas generó una preocupación adicional. Hasta empezó a especularse con un reemplazo de Caputo antes de las elecciones, algo que en la Casa Rosada niegan sin fisuras. Milei lo ratificó otra vez este sábado.

El dilema de los gobernadores

A la incertidumbre económica se suma la expectativa de una reformulación política del Gobierno. Milei tiene que reconstruir un sistema de alianzas que ponga freno a la sucesión de derrotas en el Congreso que se inició en junio cuando decidió desafiar con candidatos libertarios a muchos de los gobernadores que lo habían ayudado a superar su debilidad legislativa de origen.

 

“¡Jodan todo lo que quieran, los espero el 11 de diciembre!”, había advertido Milei a los gobernadores el 9 de julio, en la prehistoria de este presente angustioso. Los llamó “degenerados fiscales” y pronosticó: “Los vamos a aplastar en las elecciones”.

Aquel Día de la Independencia, Milei empezaba a meterse en la trampa que hoy habita. La ruptura con los jefes provinciales convirtió al Congreso en un polvorín.

 

El lunes pasado, con la digestión hecha de la derrota bonaerense, convocó a esos mismos gobernadores a “trabajar codo a codo”. El tiempo perdido en maltratar a los que le ofrecían colaboración ahora tiene sus consecuencias. En el Congreso sigue a toda marcha el festival de los dos tercios, con un oficialismo impotente y el kirchnerismo revitalizado.