En las instalaciones del Complejo Deportivo de Barrio El Huaico, donde los “Diablos Azules” hacen de local y el vóley vibra como en pocas partes del norte argentino, se está escribiendo una historia que mezcla deporte, homenaje y futuro. Desde ayer y hasta mañana, doce equipos se miden en la segunda edición del Torneo Internacional organizado por la Fundación Jujuy Vóley, que este año lleva un tinte aún más emotivo: es un tributo al eterno “Flaco” Muro, el mentor, el guía, el hombre que transformó una pasión en una misión.
El evento no es solo una competencia. Es una celebración de valores, de compromiso, de esfuerzo compartido. Es un homenaje silencioso pero vibrante, que se cuela en cada saque flotado, en cada bloqueo con el alma, en cada abrazo de equipo tras un punto ganado. Porque si hay algo que dejó el Flaco Muro fue esa enseñanza de que el vóley es más que un deporte: es una escuela de vida.
La competencia sigue hasta mañana, pero el legado perdurará mucho más allá del último punto. Porque mientras haya una pelota en el aire, mientras alguien se esfuerce por salvarla del piso, mientras un chico se enamore de este deporte mirando a los grandes, el “Flaco” seguirá presente.