Una expedición científica internacional se encuentra explorando una de las zonas más profundas y desconocidas del océano para estudiar los procesos tectónicos que generan terremotos y tsunamis en la Región de Antofagasta. Se trata de la misión IDOOS, que investiga la Fosa de Atacama con el objetivo de recopilar datos clave para mejorar la predicción.
En el último tiempo, la zona norte de Chile ha experimentado una serie de movimientos telúricos, reavivando las alertas sobre la acumulación de energía sísmica en la región. En este contexto, IDOOS ha permitido estudiar de cerca la interacción entre la Placa de Nazca y la Placa Sudamericana, un proceso de subducción responsable de la intensa actividad sísmica en el área.
El investigador Igor Fernández, docente de la Universidad de Antofagasta e integrante del Instituto Milenio de Oceanografía, forma parte del equipo que lidera esta expedición. Según explicó, IDOOS ha llevado a cabo tres viajes a la Fosa de Atacama entre 2023 y 2025, logrando importantes avances en la recolección de datos oceanográficos y geofísicos.
Exploración
La Fosa de Atacama, ubicada frente a la costa del Pacífico Sur, es una profunda depresión submarina generada por la subducción de la Placa de Nazca bajo la Placa Sudamericana. Esta interacción ha convertido a la región en un punto de gran actividad sísmica.
Las investigaciones actuales han revelado indicios sobre la posibilidad de un gran terremoto en el Norte Grande, aunque la falta de precisión en las fechas sigue siendo un desafío. Según Fernández, los datos obtenidos en IDOOS podrían aportar información clave para reducir la incertidumbre.
“Conocer los movimientos tectónicos en la fosa y sus alrededores nos proporcionará datos fundamentales que, de alguna manera, permitirán mejorar los modelos de predicción de grandes terremotos”, explicó el investigador.
Uno de los hallazgos más relevantes de la expedición fue la detección de deformaciones en el suelo oceánico mediante sensores de presión instalados en el talud continental y la llanura abisal, frente a la costa de Antofagasta. Estos dispositivos han permitido registrar pequeños movimientos tectónicos, lo que podría ayudar a estimar con mayor precisión el momento en que ocurrirá un gran evento sísmico en la zona.
“Los primeros análisis muestran evidencia de movimientos importantes, aunque todavía necesitamos realizar correcciones e interpretaciones para tener resultados más concluyentes”, añadió Fernández.
Avances
Más allá de su contribución en el ámbito sísmico, la expedición IDOOS ha permitido un mejor entendimiento de la vida en las profundidades de la Fosa de Atacama. Durante mucho tiempo, esta zona fue considerada un desierto biológico, pero los estudios recientes han demostrado que alberga una biodiversidad única, con especies hasta ahora desconocidas.
“Acceder a la Fosa de Atacama nos permitirá descubrir moléculas y organismos que no conocíamos. Se estima que menos del 0,005% de la biodiversidad de las fosas oceánicas ha sido descrita, por lo que aún hay mucho por descubrir”, destacó el científico.
El estudio también busca evaluar el impacto del cambio climático y la actividad humana en este ecosistema extremo. “Cada vez que accedemos a la fosa encontramos nuevas especies. Es fundamental comprender su funcionamiento y evolución ante los cambios globales y el impacto antropogénico”, concluyó Fernández.
La Universidad de Antofagasta ha sido un actor clave en la exploración de la Fosa de Atacama desde 2018. Investigadores y estudiantes de la institución han participado activamente en el desarrollo de herramientas para la recolección de muestras y el análisis de datos biogeoquímicos.
Fernández destacó que este trabajo ha permitido registrar por primera vez las dinámicas de sedimentación en estas profundidades extremas. “Este esfuerzo no tiene precedentes en el continente y podría considerarse único a nivel mundial”, afirmó.
Además, la participación de estudiantes en la expedición ha sido fundamental para la formación de nuevos científicos en el área de la oceanografía. “En la expedición IDOOS II, cinco miembros de la UA participaron activamente, incluyendo estudiantes de pregrado y postgrado que tomaron muestras para sus propias investigaciones”, agregó el investigador.