El jujeño Marcelo Herrera estuvo presente en el festejo de Vélez

A 30 años de la gloria en Tokio, “Popeye” y aquel plantel celebraron su noche histórica.

El homenaje a la Intercontinental 1994 reunió al pueblo velezano, con un emocionado Marcelo “Popeye” Herrera entre los protagonistas

El 1° de diciembre de 1994, Vélez Sarsfield inscribió su nombre en la historia grande del fútbol mundial al conquistar la Copa Intercontinental tras derrotar 2-0 al Milán en Tokio. Este domingo, el estadio José Amalfitani fue escenario de una noche cargada de emociones y recuerdos para celebrar los 30 años de aquella hazaña inolvidable.

El evento contó con la presencia de jugadores de aquel legendario plantel, incluido el jujeño Marcelo “Popeye” Herrera, quien fue parte del equipo dirigido por Carlos Bianchi. Herrera, visiblemente emocionado, viajó a Liniers acompañado de su hijo para ser parte del homenaje. “Es un orgullo volver a este lugar y sentir el cariño de la gente, como hace 30 años”, expresó el ex volante.

Un mensaje de fe: «Toda historia se repite. Hay que creer». El homenaje tuvo su punto culminante con un video institucional protagonizado por Carlos Bianchi, el gran artífice de aquella epopeya. En su mensaje, el «Virrey» no solo revivió los momentos gloriosos de 1994, sino que dejó una frase inspiradora que resonó entre los hinchas: “Toda historia se repite. Hay que creer”.

Bajo esa premisa, Gustavo Quinteros y el plantel actual acompañaron la fiesta, compartiendo el escenario con los héroes de antaño. La ovación para Bianchi y su equipo fue ensordecedora, una muestra del legado imborrable que dejaron en el corazón de los velezanos.

Un festejo inolvidable en casa. La jornada estuvo marcada por la nostalgia y la gratitud. Desde la bandera gigante desplegada en la popular hasta los cánticos que rememoraron aquella noche en Japón, el Amalfitani vibró como hace tres décadas.

El pueblo velezano celebró no sólo un título, sino una identidad construida a partir del sacrificio, el talento y la confianza. Porque, como dijo Bianchi, “hay que creer”. Y en Liniers, ese espíritu sigue vivo.