Bomberos de Chile es una institución que, como en pocos países del mundo, tiene un cuerpo completamente voluntario. Los casi mil hombres y mujeres que ayudaron estos días a extinguir el mega incendio que acabó con 131 vidas en la región de Valparaíso no van a recibir ni un centavo. Es más, ellos pagan por servir. Cada miembro abona una cuota mensual establecida por su compañía. El grueso tiene entre 20 y 39 años y son profesionales que se dedican a otra cosa. Cuando el deber llama, cierran los ordenadores y acuden raudos a asistir a la comunidad. Por ley, no los pueden despedir de sus empleos por ofrecer sus servicios en una emergencia. El presidente de la institución, Juan Carlos Field, asegura que el 98% de los bomberos “no quiere ser remunerado”. ¿Se ha discutido o votado alguna vez el tema en el directorio? “Nunca”, responde a través de una grabación de audio.
El 83% de los chilenos quiere que la institución mejor valorada del país abandone el sistema de voluntariado y el Estado financie los salarios de sus 56.670 miembros (78% hombres; 22% mujeres), según la encuestadora Cadem, la única que ha preguntado sobre el pago, en 2017. “No es tan fácil”, apunta Field. “El país no tiene dinero para financiar tal cantidad de bomberos. Y, segundo, se los agradecemos, pero definitivamente no queremos”, añade. Lo que sí quieren, remarca, es que se los compense con fondos para proyectos regionales, construcciones de cuarteles, carros bomba o equipamiento para atacar los incendios.