Israel profundiza su ofensiva y Hamas amenaza con ejecutar a un rehén por cada nuevo ataque

Se intensificaba una venganza a sangre y fuego contra el culpable de todo: el grupo islamista palestino

Dos días después de la mayor afrenta que jamás nadie pensó que alguien pudiera llegar a lanzar sobre Israel, una humillación y una falla inexplicable de inteligencia que dejó más de 900 israelíes muertos, más de 150 secuestrados, 2150 heridos y abrió nuevos y preocupantes escenarios para todo Medio Oriente y el resto del mundo, se intensificaba una venganza a sangre y fuego contra el culpable de todo: el grupo islamista palestino Hamas.

Israel impuso, en efecto, el “asedio completo” de esa franja de tierra del sur del país que este grupo controla desde 2007. “Estamos imponiendo un asedio total a Gaza (que quedará) sin electricidad, ni comida, ni agua, ni gas, todo cerrado”, dijo el ministro de Defensa, Yoav Gallant. “Estamos combatiendo contra animales y actuamos en consecuencia”, agregó.

“Lo que Hamas vivirá será difícil y terrible (…) vamos a cambiar Medio Oriente”, le hizo eco el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que le pidió a la población, evidentemente aterrada y traumatizada por lo vivido en los últimos días, prepararse para una guerra “larga y difícil”.

Más allá del bloqueo total a Gaza, en el tercer día de la ofensiva sin precedente de este grupo islamista, seguían los bombardeos de represalia israelí sobre la franja, donde se contabilizaban 687 muertos, según las autoridades locales.

Pese a los bombardeos incesantes desde el aire, el ejército israelí, que anunció que controlaba esas localidades del sur del país que fueron escenario de la sorpresiva irrupción de brigadas islamistas, admitieron que todavía “podría haber terroristas en la zona”, según un vocero militar. Justamente por esto, decenas de miles de soldados israelíes –se habla de 300.000 reservistas– estaban siendo desplegados cerca de la Franja de Gaza. Allí, según el ejército, fueron bombardeadas 500 posiciones de Hamas y de la Jihad Islámica. Aunque el gran temor es que en estos ataques puedan perder la vida ese centenar de ciudadanos secuestrados por Hamas, otro hecho sin precedente en la historia del país.

Al respecto, Hamas descartó este lunes negociar un canje de prisioneros, al menos por el momento. En el famoso Shin Bet, servicio secreto israelí, trataban de exprimir sus fuentes para tratar de entender dónde están los rehenes. Según el movimiento islamista, cuatro “prisioneros” capturados habrían muerto en los bombardeos. Además, un vocero militar de Hamas dijo que el grupo matará a un rehén civil cada vez que Israel ataque a civiles en Gaza.

“Cada ataque contra nuestro pueblo sin previo aviso será respondido con la ejecución de uno de los rehenes civiles”, dijeron en un comunicado las Brigadas Ezzeldin al-Qassam, el brazo armado de Hamás. “El enemigo no entiende el lenguaje de la humanidad y la ética, así que nos dirigiremos a ellos en el lenguaje que entienden”, agregaron.

Israel bombardea Gaza como respuesta a una ofensiva sin precedentes del grupo islamista palestino lanzada el sábado que ha dejado cientos de muertos en ambos bandos.

Fiel reflejo de que el conflicto amenaza con extenderse peligrosamente, como si se tratara de un reguero de pólvora, Israel debió también repeler una incursión desde Líbano. Sus tropas hicieron saber que, apoyadas por helicópteros, habían matado a varios infiltrados armados que entraron al país desde el vecino del norte.

En este marco, en Jerusalén, la ciudad santa para las tres religiones monoteístas más importantes –Cristianismo, Judaísmo e Islam–, reinaba un clima nunca antes visto. Con escuelas cerradas hasta nuevo aviso, como en el resto del país, casi no había tránsito. O un tránsito mínimo, como suele suceder el sábado, cuando es shabat, que en la ciudad “santa” se respeta mucho más que en la laica Tel Aviv. Y el silencio, un silencio parecido al que precede a las tormentas fue roto al menos dos veces –al mediodía local y a las cinco de la tarde–, por el ulular de las sirenas que advierten que hay bajar a los refugios, seguido luego por estruendos secos: el ruido del sistema antidefensa Cúpula de Hierro.

“Ahora empieza la guerra de Hezbollah”, comentaba el dueño de una casa de cambio abierta en la parte oriental de Jerusalén, la parte mayoritariamente árabe, aludiendo a la fuerza chiita pro-iraní presente en Líbano que se ha vuelto la gran incógnita del momento. Aunque Hamas fue el ejecutor de la irrupción sin precedente del sábado, muchos creen que sin el entrenamiento y la tecnología de Hezbollah y de Irán, el grupo islamista de Gaza jamás habría podido lograr semejante proeza.