Yevgeny Prigozhin pasó sus últimos días haciendo planes para el futuro. El viernes de la semana pasada, el avión privado del empresario de la guerra aterrizó en la capital de República Centroafricana para tratar de retener a uno de los primeros Estados clientes de su mercenario Grupo Wagner. Su emporio africano había llegado a alcanzar a 5000 tropas desplegadas por todo el continente.
En el palacio presidencial ribereño de Bangui, la capital, Prigozhin le dijo al presidente Faustin-Archange Touadera que su fallido motín de junio en Rusia no le impediría seguir enviándoles nuevos combatientes e inversiones a sus socios comerciales de África Central, según tres personas familiarizadas con el contenido de la reunión.
Poco después, un helicóptero de los Wagner aterrizó cerca de allí con cinco comandantes de las Fuerzas de Apoyo Rápido de Sudán, una milicia insurgente que dependía de la agrupación mercenaria de Prigozhin para librar su batalla contra el gobierno de ese país. La delegación había viajado a Bangui desde la provincia de Darfur con un regalo para Prigozhin, que les había suministrado misiles tierra-aire: lingotes de oro de las minas que sus mercenarios habían ayudado a asegurar en el oeste de Sudán, arrasado por la guerra.
Poco después, en su camino de regreso a Rusia, Prigozhin hizo una parada en Mali y recorrió el espacio aéreo de los Estados clientes que estaba tratando de sacar del control del Kremlin. Era un tour de despedida que el jefe mercenario de 62 años no sabía que estaba haciendo.
El miércoles pasado, la caída del avión Embraer Legacy 600 que transportaba a Prigozhin y sus máximos lugartenientes a menos de 80 kilómetros de una de las residencias de Putin a orillas de un lago puso fin a la competencia internacional que se venía desarrollando en silencio desde hacía dos meses, con el Kremlin y el autodenominado oligarca militar compitiendo por conservar su influencia en los países que contrataban los servicios de los mercenarios Wagner.
Prigozhin vivía desde hacía años prácticamente en fuga, usando pelucas y postizos para hacerse pasar por militares árabes barbudos y así poder recargar el combustible de su avión en los pocos aeropuertos que le concedían permiso para aterrizar.
El grupo Wagner y el centenar de empresas fantasma a las que estaba vinculado Prigozhin eran conocidos básicamente por sus operaciones mercenarias, pero al final de su vida también se habían expandido a las finanzas, la construcción, los suministros y la logística, la minería y los recursos naturales, e incluso a un negocio de caballos de carrera de pura sangre, Sporthorses Management, manejada por su hija, Polina. Sus ingresos provenían de las exportaciones de oro sudanés a Rusia y de diamantes y madera de la República Centroafricana a los Emiratos Árabes Unidos y China, según funcionarios occidentales y africanos.
Con su muerte, el futuro de esos negocios es incierto. El Kremlin ahora busca nacionalizar una turbia red hasta ahora centralizada en la autoridad personal de Prigozhin.
Desde Mali hasta Siria, muchos países habían llegado a depender de los sicarios de Prigozhin, y hace apenas unos días, el líder mercenario le había ofrecido sus servicios al nuevo gobierno militar de Níger, que tomó el poder el mes pasado.
Sin embargo, ya había nuevas compañías mercenarias dirigidas por la agencia de inteligencia militar rusa GRU que competían para quedarse con los contratos de Wagner. Putin le había dicho personalmente a Touadera, presidente de la República Centroafricana, que había llegado el momento de distanciarse de Prigozhin. El mes pasado, Touadera estuvo en San Petersburgo para la cumbre de países africanos organizada por Putin y evitó sacarse una selfie con el jefe mercenario ruso.
Muchos de los acuerdos de Prigozhin con gobiernos extranjeros se sellaron con un apretón de manos, y los detalles eran desconocidos salvo para un pequeño círculo de oficiales de Wagner seleccionados personalmente por Prigozhin. Uno de ellos era Dimitri Utkin, un exoficial del GRU cuyos tatuajes nazis pueden verse en fotografías, que también murió en el accidente aéreo del miércoles.