El trágico final de Carmen Miranda, la “bomba brasileña” que acabó consumida por el Hollywood que le dio fama mundial

Para quienes solo la habían visto sonreír, su muerte fue un shock; a su velorio en Río acudieron unas 500.000 personas, casi el 25% de los habitantes de la ciudad en ese momento.

“Me quedé sin aliento”, dijo Carmen Miranda tras casi desmayarse mientras bailaba en el programa ‘The Jimmy Durante Show’ de NBC el 4 de agosto de 1955.

Pero, como dicen en el mundo del espectáculo, el show debe continuar, así que pronto recuperó su sonrisa eterna.

Al final del programa, salió bailando por una puerta, despidiéndose con la alegría que la caracterizaba.

Se fue a casa, donde la esperaban amigos, con los que bebió, cantó y charló hasta las 2 de la madrugada, cuando se fue a su habitación y murió.

Cuando su cuerpo llegó a Río de Janeiro, una multitud estimada en cerca de un millón de personas salió a las calles a honrar a quien era la imagen más poderosa de Brasil en el exterior.

En su corta vida había pasado de ser una vendedora de corbatas a convertirse en la cantante más popular del país, la primera artista de radio en tener un contrato exclusivo y participar de las primeras películas sonoras y musicales de Brasil.

Luego conquistó Broadway y Hollywood con su talento, imagen y personalidad, que para las audiencias internacionales era exótica, vibrante e irresistible.

Con sus papeles en filmes y sus espectáculos en teatros y clubes nocturnos llegó a ser la mujer mejor pagada en Estados Unidos en la década de 1940.

Y fue la primera estrella latinoamericana en ser invitada a dejar sus huellas fuera del Teatro Chino de Hollywood, y en ser honrada con una estrella en el Paseo de la Fama.

Pero la incandescente carrera de la “bomba brasileña” causó estragos, y cuando insistió en pedirle a su cuerpo más de lo que podía dar, su corazón no resistió.

Mural en la casa de huéspedes de Aurora Silva, en la ciudad natal de Carmen Miranda, Marco de Canaveses, pintado por Mr Dheo

Lo que Maria do Carmo Miranda da Cunha hizo fue una creación propia y excepcional.

Nacida en una familia humilde en Marco de Canaveses, Portugal, pero llevada aún en brazos a la ciudad que sería su hogar, Rio de Janeiro, la mujer que se labró un espacio hasta entonces inexistente en el mundo del espectáculo con el nombre de Carmen Miranda empezó a recoger elementos indispensables para su éxito desde el principio.

Por supuesto que contaba con talento, pero como alguien dijo, “el genio es un 1% de talento y un 99% de trabajo duro”.

Y desde su primer día como artista hasta el último, fue una profesional incansable, siempre puntual, que dedicaba todas las horas necesarias y más a ensayar, como atestiguaron los músicos y directores de cine y teatro que trabajaron con ella.

Cantó por años donde fuera hasta que tuvo la oportunidad de cimentar su arte de la mano del músico brasileño Josué de Barros, quien fue su mentor, le enseñó canciones populares y tocó para ella en recitales y programas de radio.

En 1929 empezó a grabar discos y la fama llegó cuando tenía 21 años con una canción llamada “Taí (Para que te guste)” compuesta por Joubert de Carvalho.

Rompió todos los récords al ser el gran éxito del Carnaval de Río en 1930 e hizo de Miranda una estrella.

Instantáneamente convertida en la mujer más famosa de Brasil, en los años siguientes viajó por todo el país, así como por Argentina, Uruguay y Chile. Cantó sola y con grandes compositores en teatros, en la radio y en el cine.

Conocida como “Pequeña Notable”, “Estrella Máxima” y hasta la “Dictadora Risueña de la Samba”, grabó casi 300 canciones y vendió 10 millones de discos.

Al tiempo, fue inventando, refinando y enriqueciendo su imagen, que empezó a crear desde su adolescencia, usando siempre tacones muy altos, para elevar sus 1,53 metros de estatura.