Guaidó recibió advertencias de disidentes de la inteligencia chavista sobre su detención, lo que lo llevó a huir del país. Tras cruzar la frontera entre Táchira y el departamento colombiano de Norte de Santander, Guaidó se dirigió a Bogotá, donde se reunirá con la diáspora venezolana en Colombia, la cual suma más de 2,5 millones de personas. A pesar de su intención inicial de participar en la conferencia internacional convocada por el presidente colombiano, Gustavo Petro, Guaidó no figuraba en la lista de invitados, lo que le impidió asistir.
El canciller colombiano, Álvaro Leyva, advirtió que Guaidó corría riesgos al entrar de forma inapropiada en Colombia, ya que este país cumple con las leyes. El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela emitió una orden en 2019 que impedía al líder opositor salir del país. Fuentes de la oposición informaron que el destino final de Guaidó sería Estados Unidos, donde parte de su familia ya se encuentra.
Guaidó se vio forzado a huir del país tras 50 meses de persecución, hostigamiento, agresiones y amenazas constantes por parte del régimen. Distintas confidencias de los organismos de inteligencia del chavismo alertaron al expresidente encargado sobre la inminencia de su detención. La purga anticorrupción puesta en marcha por el régimen, que ha exhibido a poderosos funcionarios bolivarianos y a militares con trajes de preso color naranja chillón, era el mejor escenario para el ala más radical del oficialismo, que insistía en encarcelar a Guaidó.
El operativo policial esconde una lucha fratricida por el poder que ha costado la cabeza del antiguo zar del petróleo, Tareck El Aissami, enemigo implacable de la vicepresidenta Delcy Rodríguez y de su hermano Jorge, jefe de la delegación negociadora bolivariana y al frente del órgano legislativo chavista. La captura de Guaidó se ha convertido en la mejor vía de escape para semejante tensión interna.