Este nuevo método, que no tiene impacto ambiental y que reduce los costos al emplear organismos vivos para el control biológico, ha logrado una efectividad del 97% en la provincia de Salta y se espera que pueda replicarse a escala nacional.
El biolarvicida se fumiga sobre los cuerpos de agua donde crece la larva del mosquito. La larva filtra el agua para alimentarse e ingiere las proteínas insecticidas que produce la bacteria y que actúan a nivel del intestino del insecto. Así, se produce un daño en las células, la larva no puede seguir alimentándose y muere a las pocas horas.
El producto se ha optimizado en la provincia de Salta, donde se ha capacitado a los agentes socioambientales (ASAs) de los municipios de alto riesgo de transmisión del virus para su aplicación. Además, la instalación del Laboratorio de investigación y producción de Biocontroladores en un edificio del Ministerio de Salud Pública permitió el ajuste de dosis en pozos ciegos, lo que mejoró la efectividad de control del 97% de las larvas.
En la provincia de Salta, al igual que en el resto del país, se emplean insecticidas de origen químico para el control de vectores de enfermedades humanas, pero se ha demostrado que existe un alto grado de resistencia a las dosis normales que se emplean de esos productos. El control biológico se presenta como una alternativa más sostenible y eficaz para combatir el dengue.
El control biológico es la utilización de organismos vivos o de sus productos para evitar o reducir las pérdidas o daños causados por los organismos nocivos. La investigadora Guadalupe Mercado Cárdenas del INTA Salta, ponderó los beneficios de esta estrategia por implicar un costo menor al de los métodos convencionales y por aportar a la calidad de vida humana y a la sostenibilidad del ambiente.