
Ahí en la calle Colón, entre avenida España y Manuel Señoret, existe un árbol que por cuestiones políticas se transformó en un ícono de Punta Arenas, la ciudad del extremo sur chileno donde nació Gabriel Boric. Es un ciprés que tiene más de cien años, que supera los diez metros de altura, y al que ya se le conoce en todo el país como el “árbol presidencial”, luego que el joven mandatario lo escalara durante la campaña electoral y su imagen sobre la copa se convirtiera en uno de los símbolos de su llegada a La Moneda.
Por ello, y a casi un año de su irrupción “pública”, el afamado ciprés se ha transformado en una de las atracciones de la urbe más austral de Chile y ciudad de origen del mandatario, de 37 años. Si en un momento fue usado como el epicentro de los festejos de los partidarios al gobierno, con el correr de los meses el árbol sufrió algunos ataques y en febrero opositores a Boric lo quisieron incendiar. Un síntoma de la oscilante popularidad del primer año del presidente trasandino que durante sus vacaciones regresó a la ciudad, pero debió interrumpirlas para enfrentar la crisis de los incendios forestales.
De igual modo, y pese a su baja en las encuestas -que hoy lo tienen con un 30% de aprobación entre los chilenos-, son decenas de personas que apenas ponen un pie en la ciudad llegan a fotografiarse junto al ejemplar. “Es redes sociales es un hit, si no vienes a Punta Arenas y no te sacas una foto con el ciprés, es como si no hubieras hecho el viaje”, cuenta Alejandra Salinas, periodista chilena, y quien ha sido testigo de cómo con el correr de los meses se ha cristalizado uno de los vínculos más sui generis entre los miles de viajeros que año a año visitan Punta Arenas.
“Entendemos que se ha convertido en un punto turístico y lo que queremos es protegerlo para que se mantenga para las próximas generaciones”, explicó Claudio Radonich, alcalde de la ciudad, y cuyo municipio finalmente les prohibió a los turistas que lo escalen. “Tiene un daño interno importante”, justificó una ingeniera forestal de la entidad regional.
Sin embargo y más allá su nexo indisoluble con el actual jefe de Estado, Punta Arenas pretende sacudirse de la atención sobre aquel símbolo y dar un paso al frente como la urbe más importante del extremo sur chileno. “La Región de Magallanes fue la que más creció económicamente el año pasado, con una cifra de 3,3% del PBI […] la nuestra es en general una región bastante más estable de lo que ocurre con el resto del país”, señaló la titular de la Secretaría regional ministerial de economía, fomento y turismo, Ruth Saieh Latrach.
Por ello, la industria turística local junto a las autoridades regionales buscan potenciar su imagen como centro de operaciones de la zona austral y como epicentro de ecoturismo. Con la pandemia por coronavirus en retirada (el año pasado ingresaron a la Región de Magallanes 158.327 visitante, según la Subsecretaría de Turismo), la ciudad se ha vuelto a promocionar como el acceso natural a la Antártica y sus múltiples atractivos la sitúan como un destino ideal para realizar actividades en torno a la naturaleza, aprovechando su condición de vía entre el Océano Pacífico y el Atlántico.
“Punta Arenas es la puerta de entrada para los visitantes que quieren conocer los atractivos turísticos del fin del mundo. Torres del Paine es uno de los destinos de Chile más consolidados en el mundo, pero existen muchos otros en la región que ofrecen diferentes experiencias”, añadió la autoridad chilena en conversación con este medio.