
A casi un mes de que Berlín diera permiso a sus aliados europeos para enviar tanques alemanes a Ucrania, el aluvión de blindados que muchos países prometieron resultó ser una llovizna.
Algunos países descubrieron que los tanques que tenían en sus arsenales en realidad no funcionan, o que les faltan partes. Además, los mandatarios encontraron una inesperada resistencia interna en sus propias coaliciones de gobierno, y hasta de sus ministros de Defensa. Y algunos Ejércitos tuvieron que sacar de su retiro a algunos militares para enseñarles a los ucranianos a usar esos viejos modelos de tanques.
Los problemas para mandarle tanques Leopard a la asediada Ucrania es la punta de un iceberg que Europa ha preferido ignorar durante mucho tiempo: creyendo que las guerras territoriales de gran escala eran cosa del pasado y que aletargaba por las bondades de la Posguerra Fría, los europeos desfinanciaron de manera crónica sus fuerzas militares. Y cuando Rusia lanzó la mayor guerra terrestre en el continente desde la Segunda Guerra Mundial, los encontró penosamente mal preparadas.
Los indicios del problema asomaron repetidamente bajo la forma de escasez de municiones y armas durante el año que lleva la guerra en Ucrania. Pero ahora que Alemania y sus aliados están tardando semanas para rejuntar suficientes tanques Leopard 2 para armar un batallón de blindados –un total de 63 vehículos–, la magnitud del deterioro ha quedado patente. Y Alemania es muy consciente de lo irónico de la situación.
El canciller Olaf Scholz resistió durante semanas una intensa campaña de presión pública del gobierno de Kiev, otros mandatarios europeos y expertos en seguridad para que enviara tanques a Ucrania y permitiera que otros países aporten algunos de sus propios Leopards. El temor de Alemania era que Rusia lo tomara como una escalada por parte de la OTAN. En las redes sociales, muchos cargaron contra Scholz con la campaña #Freetheleopards (“Liberen los Leopards”).
Los Leopards fueron liberados, pero en el terreno hay pocos, y algunos de los países que clamaban por una autorización para enviar los suyos a Ucrania, ahora tienen problemas para cumplir, o lo pensaron dos veces…
Aunque Europa tiene un estimado de 2000 Leopard 2 de diferentes modelos –son de los blindados de guerra más usados en el continente–, los comprometidos para enviar a Ucrania son cientos por debajo de lo que Kiev dice necesitar.
Alemania ofreció 18 y Polonia otros 14, pero de ahí para abajo las cifras disminuyen. Y cuando los tanques ya prometidos entren en combate y se averíen o sean destruidos, no queda claro cómo serían reemplazados ni por quién. “Por supuesto que algunos países hicieron entregas o al menos prometieron que lo harán”, dijo el ministro de Defensa alemán, Boris Pistoius, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich. “Pero otros países no lo hicieron”.
“Y eso me deja un poco consternado”, agregó Pistoius. “Queda claro que algunas naciones, y no pienso dar nombres, prefirieron escudarse en Alemania, diciendo: ‘Me encantaría hacerlo, pero no nos dejan’. Pero cuando les dimos permiso, no hicieron nada”.
En privado, muchos funcionarios alemanes y europeos dicen que la situación es aún más complicada: no es tanto que los países no quieran cumplir con sus promesas, sino que se han dado cuenta de lo extremadamente difícil que es hacerlo.
Finlandia, cuyos desafiantes legisladores lideraron el reclamo para que Alemania autorizara el envío de Leopards, anunció que suministraría tres vehículos Leopards de desminado, pero ni uno solo de sus supuestos 200 Leopards de combate.
Los europeos disfrutaron durante décadas del “dividendo de paz” de la Posguerra Fría y llegaron a creer que la guerra era cosa del pasado, así que fueron recortando sistemáticamente su presupuesto militar. Y ahora esas encogidas fuerzas armadas tienen a proteger lo poco que les queda. En la OTAN, suele decirse que Europa tiene “ejércitos bonsái”.
Hace años que Estados Unidos le insiste a Europa para que aumente su gasto en defensa, y en 2014, cuando Rusia manoteó Crimea, los miembros de la OTAN acordaron llevar el gasto militar a un 2% del PBI para 2024. Estamos en 2023, y según estimaciones actuales de la OTAN, solo nueve de los 30 miembros de la alianza atlántica ya alcanzaron ese cifra; otros 10 están cerca. Pero hay 13, incluida Alemania, donde el gasto militar ronda el 1,5% del PBI, o menos.