El plan de Massa para los sueldos anticipa duro choque con el kirchnerismo

El tope de 60% para aumentos salariales diverge de todas las proyecciones de inflación. Los sindicatos desconfían y Massa apuesta a la expansión crediticia

La paz de Sergio Massa con el kirchnerismo está entrando en un terreno cada vez más peligroso:
hasta ahora el ala más radicalizada del Frente de Todos tragó varios "sapos", como el recorte fiscal
de 6% en un semestre, las dos versiones del "dólar soja" y una política acuerdista con los
"formadores de precios". Pero la pauta oficial del 60% para las paritarias que empiezan a negociarse
puede ser un punto de quiebre en esa frágil relación interna.
Las primeras señales ya se vieron en estos días: dirigentes sindicales de alto perfil -como Gerardo
Martínez, del gremio de la construcción, y Pablo Moyano, el líder camionero que integra la cúpula
de la CGT- ya anticiparon su rechazo a cualquier intento de poner un tope a las negociaciones, que
en algunos casos apuntan a ajustes de tres dígitos.
Pero acaso el punto más irritante para el kirchnerismo sea que la política salarial definida por Massa
y su colega de la cartera de Trabajo, Raquel "Kelly" Olmos, se parezca demasiado a la que en los
tres años anteriores impulsó el ex ministro Martín Guzmán.
Con más cintura política de lo que se le atribuía, Guzmán había encontrado la forma de llevar una

política ortodoxa pero con un discurso "keynesiano": afirmaba que la inflación era multicausal y
que las subas nominales del salario no implicaban un peligro de espiralización de precios, pero en la
práctica se cuidaba de que no hubiera desbordes.
Sueldos: la estrategia de Guzmán (¿y la de Massa?)
Su estrategia era simple: es pedía a los dirigentes de los principales gremios, que cerraran apenas
unos puntos por encima de la inflación proyectada, que siempre era una cifra que el mercado
descreía. Luego de la primera mitad del año, cuando ya quedaría evidente que la proyección oficial
quedaría superada, aceptaba las reaperturas de negociaciones con cláusulas de revisión, pero su
objetivo de contención en el arranque del año ya había quedado cumplido, sobre todo para aquellos
gremios que más influyen sobre el plano fiscal, como los de los trabajadores estatales.
Así, en 2021, Guzmán convenció a los sindicatos de cerrar acuerdos en torno al 35% porque la meta
oficial de inflación era de 29%. Claro, el discurso oficial apuntaba que, de esa forma, sería un año
de recuperación salarial, pero la realidad era que con una inflación que terminó casi en el doble de
lo previsto, las revisiones salariales no alcanzaron a compensar la suba de precios. Así, en el
promedio, los salarios estatales perdieron un 3% y las jubilaciones un 9%, en términos reales.
Una situación similar ocurrió en 2022: en el arranque del año, con una inflación que el ministro
preveía de 33%, grandes gremios como el de los docentes cerraban en 40%, con la felicitación de
Guzmán, que calificaba la actitud "responsable". El resultado es conocido: no bien al empezar el
segundo semestre, la cifra acordaba ya había sido superada por una inflación fuera de control.
Y desde el kirchnerismo se escuchaban quejas y desafíos a la política oficial: por ejemplo, el
reclamo de un bono por decreto o aumentos de suma fija para compensar la escapada inflacionaria.
El pedido fue cumplido apenas parcialmente, bajo el argumento, del ex ministro de trabajo, Claudio
Moroni, de que el sistema de paritarias funcionaba bien, y que "el mejor salario es el que se puede
pagar", una cifra que irritaba particularmente al kirchnerismo.
Fue en ese marco de fisura interna que Cristina Kirchner tensó la situación al felicitar
explícitamente a los gremios que se rebelaban contra la línea oficial, como los bancarios de Sergio
Palazzo, que tras un conflicto -en el que La Bancaria acusó al Gobierno de jugar a favor de los
bancos- firmaron un acuerdo que excedía en 50% el techo que habían pedido los funcionarios.
Salarios vs. inflación: cautela contra la "carrera nominal"
Un año después, no están Guzmán ni Moroni, pero el discurso no parece haberse corrido ni un
milímetro. La pauta de 60% coincide con la proyección inflacionaria incluida en el presupuesto
2023, una cifra que muy pocos en el mercado consideran cumplible.
De hecho, la encuesta REM del Banco Central entre los principales bancos y consultores
económicos arroja que la expectativa promedio es de una inflación de 98,4%. Y las grandes
empresas ya están presupuestando sus rubros salariales para el año con un aumento promedio de
82%, según una encuesta de Willis Towers Watson (WTW).
Massa dio su fundamentación sobre la necesidad de mantener la cautela salarial, en términos muy
parecidos a los que daba su antecesor: "El peor enemigo del salario es la inflación. Uno puede tener
una paritaria que puede tener el número que uno quiera, pero si la inflación está por encima…
Entonces nuestra principal responsabilidad es bajar la inflación para que el salario le gane a la
inflación y recupere poder de compra", dijo en una entrevista.