
Pedro Castillo era todo un desconocido solo unos meses antes de convertirse en presidente de Perú, en junio de 2021. Se inscribió como candidato en el partido Perú Libre el último día permitido, el 30 de septiembre de 2020. Faltaban seis meses para la primera vuelta.
Para marzo Castillo solo tenía un 3% de intención de voto. Un mes después, el 4 de abril, duplicó su respaldo al 6%. Algunos comenzaban a recordar al sindicalista que lideró una masiva huelga docente en 2017 a nivel nacional.
También se difundieron sus propuestas de gobierno, un programa que prometía un rol más activo del Estado en la gestión de la economía, además de reformas institucionales. Aún faltaba la remontada, la aceleración final, el cambio de marcha que lo sacaría adelante.
Castillo quedó al frente en la primera vuelta y ganó la presidencia en un ballottage con la poderosa Keiko Fujimori, quien había sido dos veces candidata y buscaba su revancha definitiva.
La pregunta en el exterior, y entre las atónitas elites limeñas que no lo vieron venir, era quién era Pedro Castillo, y qué se traía bajo el ala de ese sombrero ancho con el que se paseaba a caballo desde sus días de maestro rural, en la modesta región norteña de Cajamarca.
Regiones más pobres
Su currículum registraba una formación como maestro de primaria y un bachillerato en Educación en la Universidad César Vallejo. También se graduó en la maestría de Psicología Educativa por esa misma institución.
Castillo era un desconocido en Lima, pero no en el Perú profundo. De ahí que ya en la primera rueda venciera en las cinco regiones más pobres del país. Su notoriedad venía de una base sindical como dirigente del gremio del Magisterio, la agrupación radicalizada de docentes de escuela pública.
“Nunca más un pobre en un país rico”, fue uno de sus lemas de campaña, en alusión a la exitosa economía minera del país, que, pese al crecimiento sostenido de tres décadas consecutivas, mantuvo un altísimo índice de desigualdad social, sobre todo en las regiones andinas. “Cuando una persona nace en el pueblo, tiene que asumir lo que el pueblo manda”, dijo en otra ocasión.
Su propuesta se basaba en priorizar los sectores de salud, educación y agricultura, donde debían operarse cambios para llevar al país del crecimiento al desarrollo. El meollo de su plan estaba en la nacionalización del gas y la renegociación de contratos, y en que las multinacionales reinvirtieran parte de sus ganancias en el país.