Riesgo del nuevo dólar turista: por qué puede subirle el «piso» a la cotización del blue

Hay consenso sobre la necesidad de ajustar el dólar para el turismo, pero no está claro cuál será el método. Una suba de impuestos impactará en el paralelo

En un momento en el que Sergio Massa celebra la recuperación de cierta estabilidad -por el ingreso de los dólares de la soja y por haber destrabado créditos de organismos internacionales-, hay una piedra en el zapato que empaña los festejos: la cantidad de dólares que se van por concepto de turismo y compras en el exterior.

Para tomar una dimensión de qué tan grave es el problema, basta señalar que la importación de gas y otros combustibles, que durante todo el año fue el gran villano de la economía, podría quedar superada por los gastos de turismo.

Mientras, con el alivio de las temperaturas invernales, la compra de gas viene en disminución, el rubro de turismo tiene perspectivas de crecimiento cada vez más acelerado, con el hito del Mundial de fútbol de Qatar que comenzará en noviembre.

Las compras de combustibles marcaron su récord en julio, con u$s2.281, pero ya se adelantó que en agosto la cifra estuvo por debajo de u$s1.400 millones y se proyecta que en septiembre caerá al entorno de u$s900 y continuará una senda descendente.

En contraposición, el rubro de viajes y gastos con tarjeta ingresará en una fase creciente, por motivos estacionales -la cercanía de las vacaciones de verano-, por el «efecto Qatar» y, además, por el aliciente del tipo de cambio retrasado -además de la convicción de que no durará mucho tiempo-.

Lo cierto es que en los primeros siete meses del año, el turismo implicó una salida de u$s4.671 millones. Y los indicios que arroja la recaudación del impuesto PAIS ya permite adelantar que en agosto se agregarán unos u$s800 millones, con una tendencia al crecimiento hasta fin de año.

Si no ocurre nada que quiebre la tendencia, el año se encamina a terminar con una demanda de aproximadamente u$s7.500 millones por concepto de viajes y gastos con tarjeta, más u$s2.000 millones por atesoramiento del «dólar ahorro».

Es decir, un nivel de demanda ya al nivel del que se registraba en el momento de retraso cambiario más agudo experimentado durante la gestión macrista, con un mercado cambiario libre. Y se trata de un rubro que no quedará muy por debajo del costo de la importación de gas.

 

Cambio de clima

La contundencia de los números, en el nuevo contexto de urgencia financiera, llevó a que en el mercado se empezara a naturalizar como un hecho inevitable el establecimiento de un nuevo dólar para el turismo.

Así como la gravedad de la crisis cambiaria hizo que en la coalición gubernamental cayera el tabú del «dólar soja», que hasta la asunción de Massa había sido una medida resistida por el kirchnerismo, ahora también se ve al nuevo dólar turismo como el siguiente paso natural.

Es un cambio de clima notorio respecto de lo que ocurría hace pocas semanas, cuando la ex ministra Silvina Batakis causó revuelo al advertir que el derecho a viajar no podía colisionar con el derecho del país a generar trabajo mediante la importación de insumos.

Después de todo, el propio Gabriel Rubinstein, viceministro de Massa, venía abogando desde hacía tiempo por una medida que cortara la salida de divisas por rubros no esenciales. Y hasta sugería que la forma de resolver el tema del turismo era canalizar toda esa demanda hacia el mercado del dólar MEP.

«Si se nos permite ahorrar, viajar al exterior, pagar con tarjeta afuera, al valor de un dólar diferente al del MULC (por ejemplo un mercado MEP), OK. Si con eso, y alguna medida adicional se descomprime la compra de insumos y bienes importados de uso corriente y extendido (por ejemplo ¡café!), se entiende en esta economía en «emergencia», que coquetea con la hiperinflación», argumentaba el hoy viceministro.

Y luego, cuando se implementó el dólar soja, las presiones para implementar un dólar turista se tornaron un tema cotidiano. El argumento era obvio, resulta difícil de justificar que, al mismo tiempo que a la industria se le extienden las restricciones para acceder al dólar, el turismo siga gozando de un subsidio. La Unión Industrial Argentina, en particular, está advirtiendo sobre las señales de enfriamiento de la actividad y sobre el riesgo de que haya fábricas que deban paralizarse.