
Los esfuerzos individuales de algunos dirigentes no logran romper los muros. El operativo clamor que lanzaron desde el albertismo y algunos de sus satélites tampoco. Solo queda una opción para lograr un acercamiento: un gesto de Alberto Fernández para Cristina Kirchner, que esta noche regresa a la ciudad de Buenos Aires tras pasar el fin de semana en El Calafate, Santa Cruz.
Con la relación fracturada, no alcanza con un mensaje de Telegram o llamado telefónico. El “gesto” debe ser una medida que vaya en la línea con el camino que defiende la vicepresidenta y que considera que el Alberto Fernández abandonó cuando firmó el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Eso es lo que deslizan desde el kirchenrismo duro.
En la Casa Rosada no hay intenciones, al menos por ahora, de cumplir con esa exigencia. El Presidente está convencido de las decisiones que tomó, principalmente de la negociación con el FMI, aseguraron fuentes oficiales.
Ya no hay vuelta atrás para el vínculo personal. Todo gira alrededor de un intento por acercar la distancia política, tarea que hoy asoma como insalvable. Pese a esto, los optimistas de ambas trincheras se aferran a que una medida o decisión de Fernández sirva para sostener la unidad del Frente de Todos, por lo menos hasta que comience la campaña electoral, el año próximo. En esto trabajan Eduardo Valdés, Agustín Rossi, Aníbal Fernández y Santiago Cafiero, entre otros.
Mientras sobrevuela el rumor de que Cristina Kirchner podría presentar una nueva carta para asentar su posición sobre el acuerdo con el Fondo y lo que viene en adelante, un grupo de intelectuales, académicos y referentes de la cultura del kirchnerismo duro recalentó la interna. “La política gubernamental ha llegado a su punto más trágico: la preparación de escenarios de anuncios donde no se realizan anuncios. Es la práctica fallida de anticipar políticas que no se concretan: el mismo Gobierno genera las expectativas y la defraudación de las expectativas. Allí irrumpen los instantes crueles en donde la moderación se transforma en impotencia”, describieron en la carta los últimos traspiés del Presidente.
Y agregaron: “Proponen ir despacio, pero terminan inmóviles. Pretenden hablar suave, pero se vuelven inaudibles. Todo lo que se presenta moderado termina siendo débil y sin capacidad transformadora. Es necesario recordarlo: los gobiernos no se evalúan por sus intenciones, sino por sus realizaciones”.