Alberto Fernández, un presidente lleno de pesos y vacío de poder

Milei empieza a llamar la atención en el interior del país; las incoherencias kirchneristas frente al separatismo mapuche; posibles escándalos con proveedores de la pareja presidencial, a los que no se les paga.

Por Carlos Pagni – Desde las elecciones primarias hasta ahora, en la trayectoria que estamos siguiendo hasta las elecciones generales del 14 de noviembre, las circunstancias objetivas de la Argentina, sobre todo de la economía, no han hecho más que deteriorarse. Hay un desorden económico que se ve potenciado no solo por su propia dinámica, que tiene que ver con cuestiones de técnica económica, sino por un descalabro en el seno de poder, en la toma de decisiones, en el discurso para explicar por qué esas decisiones se toman, en las operaciones concretas de los principales funcionarios del Gobierno.

La gran incógnita que se abre para después de las elecciones es sobre quién toma las decisiones y con qué rumbo. Más allá de las elecciones, el futuro se ha vuelto extraordinariamente brumoso.

Una de las razones del deterioro económico es que sobran pesos. El país está repleto de pesos, en primer lugar, porque hay un enorme déficit fiscal que el Gobierno financia con emisión monetaria.

¿Qué relación hay entre la emisión monetaria y la inflación? Sobre eso hay una enorme discusión entre los economistas. Pero los que forman precios, los que toman decisiones económicas, los que tratan de cubrirse de la inflación creen que hay una relación directa entre emisión e inflación.

Por lo tanto, sus expectativas están orientadas a que va a haber más emisión. La emisión es objetivamente muy importante. Hoy Ernesto Tenembaum le preguntó a Diego Santilli si sabía cuánto era. Santilli no pudo responder. Vamos a responder nosotros. En los primeros seis meses del año, promedio, el Banco Central emitió 55 mil millones de pesos por mes. A partir de la mitad del año para acá, sobre todo con la vista en las elecciones, ese rango pasó a ser de 200 mil millones por mes.

Es probable que en diciembre, como todos los diciembres hay más gasto, haya una emisión de 300 mil millones de pesos. Este es un enorme problema en un mercado repleto de pesos. Absorber esos pesos obliga a fijar tasas de interés muy elevadas, que después hay que pagar con más emisión. Es decir, aquí hay una inercia muy difícil de frenar si no se tiene algo llamado programa económico, eso que Alberto Fernández se ufana de no tener.

Vamos a mirar el comportamiento de la inflación teniendo en cuenta que en la última semana bajó. Estamos siguiendo unos gráficos que elabora Luciano Cohan para su consultora Alphacast. Tenemos una línea que representa la inflación núcleo, que es muy importante porque ahí están los alimentos, que es lo que más pega en los sectores más humildes. Y otra es la inflación general. Este estudio muestra un promedio de las últimas 4 semanas contra las últimas 4 semanas anteriores. Importa mucho que sea un promedio porque quiere decir que está acumulando una inercia. Hay que observar que la inflación cae, pero ¿en qué niveles cae?. La general todavía está, semanal, baja pero a niveles del 5 por ciento. Y si miramos las últimas semanas, estamos en niveles superiores al 3, 4, 5 por ciento. Acá está el problema central del oficialismo frente a las elecciones: ese problema se llama caída del salario real. Toda esa inflación que sube es salario que baja. Qué quiere decir salario real: poder adquisitivo del salario, la capacidad para comprar cosas.

Hoy hubo una reunión del jefe de Gabinete Juan Manzur con Marco Lavagna, que es un economista que viene dirigiendo el Indec sin observaciones, sin objeciones: Pero la reunión de hoy, que fue bastante larga, llamó la atención. Hay una preocupación muy grande en el Gobierno y Manzur es alguien acostumbrado a romper el termómetro. Cuando llegó al gobierno de José Alperovich como ministro de Salud de Tucumán, rompió un termómetro mucho más delicado que el termómetro de los precios, porque empezó a adulterar las cifras de mortalidad infantil en una provincia con mucha pobreza, como Tucumán. Que a Manzur se le ocurra tocar el Indec no es algo que debería sorprender. Sí sorprendería que Lavagna se preste a eso.

Entonces, el primer concepto que tenemos es que hay un deterioro muy grande del salario real, uno de los factores económicos que más determinan el voto. Alfonso Prat Gay elaboró un gráfico, que mostramos hace semanas, donde expone otra relación entre cantidad de votos que obtiene el oficialismo y variables económicas. Y esa relación es entre cuántos votos obtiene un gobierno y cuál es la brecha cambiaria en el momento en que se realizan las elecciones. Obviamente que para que haya brecha tiene que haber cepo. Entonces Alfonso Prat-Gay amplió este gráfico, que lo teníamos hasta más o menos las PASO, y ahora le agregó lo que pasa desde las PASO hasta ahora.

En 2017, Macri obtiene el 42 por ciento de los votos. No había brecha cambiaria, porque no había cepo. Lo levanta Prat-Gay. En el ‘19 empieza a haber brecha cambiaria y el oficialismo pierde votos: llega a 40 por ciento.

Pero si uno mira la derrota de Cristina Kirchner en 2013 frente a Massa, con más de 50 por ciento de brecha cambiaria, obtiene 33%; en 2015, había menos brecha, 45%, y el mismo oficialismo saca más, el 38 por ciento de los votos.

En las PASO, el Gobierno sacó el 31 por ciento de los votos con 82 por ciento de brecha cambiaria. Entonces acá se abre el interrogante: si esta relación entre votos y brecha se sostiene: ¿Cuántos votos perderá el oficialismo? Sobre todo si tomamos en cuenta que desde el 12 de septiembre hasta ahora la brecha se amplió de 82 por ciento a 100 por ciento.

Ahí está, entonces, el otro problema del Gobierno, el dólar que se dispara. El Contado con Liquidación (CCL) que se abre cada vez más del dólar oficial; y el dólar blue, más aún. El Gobierno sale a la búsqueda de manos amigas que puedan intervenir en el mercado para bajarlo, pero es una carrera complicada. Porque ahora hay que combinar las dos cosas, dólar e inflación. Frenar el dólar con aquella inflación da como resultado que vamos a tener un problema de atraso cambiario para después de las elecciones. Problema que va a estar sobre la mesa en la discusión con el Fondo Monetario Internacional.

Ya tenemos dos señales, dos variables que nos van mostrando cómo el clima económico, desde las primarias para acá, ha ido empeorando. La inflación, aún con la baja que tuvo en los últimos días, es una inflación muy alta, y la brecha cambiaria que se amplía y genera más expectativas de inflación. Ahora, esto coincide con una medición que hace históricamente la Universidad Torcuato Di Tella, en este caso el gráfico lo hizo Fernando Marull, porque tomó cifras históricas del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG). Esta comparación es más misteriosa la relación porque es medio mágica.

Los oficialismos acostumbran a sacar en cada elección lo que el índice de confianza en el gobierno dice ese día ¿Por qué? No sabemos. Pero se repite esa correlación. En las primarias el índice estuvo en 31. No se recupera, por lo tanto, tenemos otro indicador, insisto, no tan racional, pero es una correlación que se viene cumpliendo y parece que hay que creerle, entre lo que opina la gente y lo que va a sacar el Gobierno en las elecciones del 14 de noviembre, que no es alentador para el oficialismo.

Hay una preocupación por lo que va a pasar el 14 de noviembre dentro del propio Gobierno. Y esa preocupación tiene distintas sensibilidades, según cuál sea el sector del oficialismo, según el sector del tablero en que está cada dirigente.

Cristina Kirchner, que está al frente del Senado, de todo esto lo que más le preocupa son los senadores. Porque existe una posibilidad y es que por primera vez desde el año 83 el peronismo no tenga mayoría propia en el Senado, que es una cámara importantísima, porque se definen acuerdos, como el aval en las designaciones, entre otros, del presidente del Banco Central, embajadores, la jefa de la AFI, jueces, militares.

Tierra del Fuego es una provincia complicada para el Gobierno y en Juntos por el Cambio creen que la pueden ganar. Santa Cruz, donde se eligen sólo senadores, también la da por ganada Juntos por el Cambio, porque se ha mantenido muy alto Claudio Vidal, el sindicalista que se desprendió del peronismo, es decir, no fue a una primaria. Es nada menos que el sindicalista del petróleo en Santa Cruz, que es un gremio poderosísimo. En esa provincia tan significativa, y con ese gremio, Claudio Vidal armó una línea política que le resta al gobierno de Alicia Kirchner lo suficiente como para que pierda las elecciones.

En el kirchnerismo dicen: “Quedate tranquilo porque después Claudio Vidal se incorpora al bloque nuestro, peronista kirchnerista”. Vidal dice que no: “Yo voy a armar mi propio bloque y negociaré con unos y con otros”.