
El chavismo ya no puede ingresar en los barrios del Oeste de Caracas, y no gobierna en los estados fronterizos ni en en varias áreas del interior del país. Los grupos se instalaron en connivencia con el régimen pero sumaron tanto poder que Miraflores ya no los controla. Hay alarma porque aumentó notablemente el tráfico de drogas y el reclutamiento de niños
Los enfrentamientos armados entre la policía y un grupo de pandillas de al menos 300 personas en varios barrios del oeste de Caracas son una señal de que Nicolás Maduro está perdiendo el control sobre zonas de Venezuela, que están sufriendo una profunda crisis económica y un largo quiebre del estado de derecho.
Algo similar ha ocurrido en estados fronterizos, donde rebeldes colombianos que imparten justicia en áreas rurales pasaron semanas luchando contra tropas venezolanas en enfrentamientos en los que murieron una docena de soldados y obligaron a miles pobladores a huir. En el interior de Venezuela, las pandillas locales también controlan territorio y establecen sus leyes.
“Cada vez es más evidente que Maduro está perdiendo el control dentro y fuera de Caracas”, dijo Alexander Campos, investigador de la Universidad Central de Venezuela que estudia la violencia en el país sudamericano. “La capacidad y ambición de los grupos criminales, desde pandillas hasta guerrillas, está creciendo”, agregó.
Expertos en seguridad dicen que los violentos operativos lanzados por el gobierno de Maduro en 2015 denominados “Operación de Liberación del Pueblo” (OLP) ayudaron a consolidar grupos de pandillas que inicialmente operaban en el vecindario Cota 905 y áreas cercanas al darles un enemigo común. Grupos de derechos humanos dijeron que además dio lugar a cientos de ejecuciones extrajudiciales con lo que persistió la violencia.
En 2017, las bandas llegaron a un acuerdo con Maduro para operar sin policías en ciertos sectores a cambio de reducir la violencia. Las calles se volvieron más seguras, dijeron algunos residentes. Pero las pandillas se hicieron aún más poderosas a través del aumento del tráfico de drogas y el reclutamiento de niños, según residentes, que agregaron que ahora están armados con granadas y rifles de asalto.