
Para cualquier empresa que haga negocios en China, la elección está ahora más clara que nunca: evitar comentar cualquier tema controvertido o arriesgarse a perder el acceso a la segunda economía del mundo.
En las últimas semanas, el gobierno del presidente Xi Jinping ha apoyado un boicot contra minoristas como H&M y ha impuesto sanciones a una serie de organizaciones -incluido un grupo de abogados del Reino Unido- por sus declaraciones sobre los trabajos forzados en Xinjiang. Además, el martes aprobó cambios radicales en el sistema electoral de Hong Kong para dar a Pekín poder de veto sobre cualquier candidato.
La postura más agresiva de China, desencadenada en parte por la acción colectiva de Estados Unidos y sus aliados para sancionar a funcionarios chinos, está obligando a las empresas a sopesar rápidamente qué harán para mantener el acceso a 1.400 millones de consumidores con un poder adquisitivo cada vez mayor. Hasta ahora, con un crecimiento anémico en el resto del mundo, la mayoría de las empresas se mantienen al margen o aumentan sus inversiones.
Mientras que antes era más fácil para las empresas operar en China y gestionar la responsabilidad social corporativa, ahora es difícil demostrar que la influencia exterior tiene algún impacto en el cambio de las acciones del Partido Comunista, según Margaret Lewis, profesora de derecho y especialista en China de la Universidad de Seton Hall.
“Uno acaba en este dilema de quedarse y ser cómplice o retirarse”, dijo. “El término medio entre ambos es cada vez más difícil de encontrar. Ahora es una decisión más cruda”.
La mejor estrategia para marcas como H&M que se enfrentan a un boicot en China es pasar desapercibidas y esperar hasta que la reacción “se calme”, dijo el martes Joerg Wuttke, director de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China, a Bloomberg TV. De hecho, varias empresas retiraron de sus sitios web declaraciones sobre Xinjiang.