Tras un año, la pandemia deja en Bolivia más pobres que enfermos y muertos

Hace un año se confirmaron los dos primeros, ahora ya son más de un cuarto de millón y siguen aumentando: son las víctimas registradas de la pandemia, pero no son todas ni mucho menos. Los enfermos y fallecidos a causa de la COVID-19 son fáciles de contar, incluso hay cálculos relativamente certeros de cuántos no figuran en las listas oficiales, pero no pasa lo mismo con los otros afectados, los que perdieron no la salud sino el sustento diario.

«Muchos han quedado sin sus trabajos, los que tenían empleo porque sus fábricas han cerrado y los que vivían de forma autónoma porque ya no venden, o la gente ya no les compra», dijo Dionisio Ayaviri, resumiendo a Sputnik la situación de millares de pobladores de El Alto, ciudad altiplánica anexa a La Paz y habitada mayoritariamente por miembros del pueblo aymara.

«Así, muchos se han vuelto al campo», principalmente a las provincias próximas al lago Titicaca y a la frontera con Perú, señaló Ayaviri, un técnico metalmecánico que se gana la vida con un pequeño taller de construcciones y reparaciones diversas, desde arreglo de puertas hasta fabricación de piezas de automotores.

En su taller en la Villa 16 de Julio, a pocas cuadras de la famosa feria bisemanal que lleva el mismo nombre, Ayaviri dijo que en el último año vio disminuir su propia clientela, hasta casi desaparecer, así como observó reducirse drásticamente la actividad de esa feria, que estuvo incluso cerrada por varios meses.

Un millón de pobres

Una reciente investigación del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) calculó que la contracción económica de 2020 dejó en Bolivia, en el cálculo más optimista, un millón de nuevos pobres, de los cuales al menos medio millón serían personas en condición de extrema pobreza.

Otros cálculos duplican esas cifras, considerando que el Producto Interno Bruto boliviano cayó el año pasado, según las más recientes proyecciones oficiales, en aproximadamente 8,4%.

Este golpe, causado por la crisis económica general y la parálisis económica impuesta por el Gobierno transitorio de Jeanine Áñez para combatir la pandemia —según afirma la administración actual de Luis Arce— anularon los grandes avances que Bolivia había registrado en la reducción de la pobreza en la década anterior.

«Ya no es solo porque estén prohibidas algunas actividades, sino que el comercio en El Alto, que es a lo que se dedica la mayoría, está muy venido a menos, no hay ventas y los comerciantes no tienen de qué vivir. Por eso muchos retornan al campo a esperar cuándo podrán volver», añadió.