El conflicto, que comenzó a mediados de septiembre, también golpea con fuerza al comercio y al sector gastronómico, especialmente en París, donde los empresarios advierten sobre importantes pérdidas económicas.
El regreso a clases después de las vacaciones de Todos los Santos estuvo marcado por nuevas manifestaciones. Según las autoridades educativas, 41 liceos permanecían bloqueados o afectados por intentos de bloqueo durante la mañana del lunes 2 de noviembre, mientras que las organizaciones estudiantiles estimaban que la cifra podía alcanzar los 150 establecimientos.
Los estudiantes rechazan las reformas educativas anunciadas por el gobierno del presidente Emmanuel Macron y consideran insuficientes las medidas propuestas. Entre sus principales reclamos figuran mejores condiciones edilicias, más docentes, mayor disponibilidad de vacantes universitarias y modificaciones en el sistema de admisión a la educación superior.
Las medidas del Gobierno no lograron frenar las protestas
Para intentar desactivar el conflicto, los ministros de Educación Nacional y Enseñanza Superior anunciaron una serie de concesiones. Entre ellas, la sustitución progresiva de la plataforma Parcoursup hacia 2028, la incorporación de 15.000 plazas adicionales en la educación superior y un límite de 28 estudiantes por aula en el primer año de bachillerato.
También se anunció la creación de 500 puestos adicionales y la inversión de 4.000 millones de euros para renovar establecimientos educativos.
Sin embargo, las organizaciones estudiantiles sostienen que las propuestas no responden completamente a sus demandas y anticiparon que continuarán las movilizaciones. En ciudades como Marsella y Toulouse se registraron nuevos bloqueos en las entradas de distintos establecimientos.
La situación genera preocupación entre las autoridades educativas, ya que miles de alumnos llevan semanas con dificultades para asistir a clases. El ministro Édouard Geffray advirtió que la continuidad de las interrupciones podría comprometer la preparación de los estudiantes para los exámenes de fin de año.
Al conflicto educativo se suma una nueva jornada de huelga general convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT) para el jueves 5 de noviembre. La protesta apunta principalmente contra el aumento del costo de vida y las dificultades económicas que atraviesan distintos sectores de la población.
Las movilizaciones también cuentan con la participación de universitarios, organizaciones sociales y sectores vinculados a los llamados chalecos amarillos, que incorporaron reclamos relacionados con el poder adquisitivo y la defensa de los servicios públicos.
En las últimas semanas, algunas manifestaciones derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, destrozos y episodios de violencia urbana, lo que obligó a reforzar los operativos policiales.
Uno de los efectos más preocupantes del conflicto se observa en la actividad comercial. Tres semanas de manifestaciones, bloqueos y episodios de violencia provocaron una fuerte caída del consumo en distintos centros urbanos franceses.
Según estimaciones de la Cámara de Comercio e Industria, los establecimientos ubicados en zonas afectadas por las movilizaciones registraron una caída de hasta el 80% en su facturación durante las últimas tres semanas.
Los comerciantes también deben afrontar gastos adicionales en seguridad, cámaras de vigilancia y protecciones para sus escaparates, ante el temor de nuevos saqueos y destrozos. En algunos barrios de París, varios negocios optaron por colocar paneles de madera en sus fachadas o directamente cerrar sus puertas durante las jornadas de protesta.
La preocupación aumenta por la cercanía de las fiestas navideñas, una de las temporadas comerciales más importantes del año. Aunque los incidentes violentos disminuyeron respecto de jornadas anteriores, el temor a nuevos disturbios continúa alejando a los consumidores de determinadas zonas.
La Federación de Comercio y Distribución informó que alrededor de 40 establecimientos fueron vandalizados en Francia durante el último fin de semana. Para numerosos comerciantes y restauradores, el problema ya no se limita a los daños materiales, sino también a la pérdida de clientes y de ingresos en un contexto económico cada vez más complicado.