A sus 80 años, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) logró revertir el resultado de la primera vuelta, derrotó a Flavio Bolsonaro y obtuvo un cuarto mandato al frente de la principal economía de América Latina.
Con casi la totalidad de los votos escrutados, Lula alcanzó el 51,7% de los sufragios válidos, frente al 48,2% de su rival, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. El resultado sorprendió después de que Flavio Bolsonaro llegara al balotaje con una ventaja en la primera vuelta y el respaldo de otros sectores de la derecha brasileña.
La elección también adquirió una dimensión regional. El triunfo de Lula interrumpió una serie de victorias electorales de candidatos conservadores en América Latina y constituyó un revés político para los sectores de derecha que cuentan con el respaldo del presidente estadounidense Donald Trump y mantienen afinidad ideológica con el gobierno argentino de Javier Milei.
Una trayectoria marcada por la superación
La historia personal de Lula contribuye a explicar el significado de esta victoria. Nacido en una familia humilde del estado de Pernambuco, trabajó desde joven y se formó como tornero mecánico antes de convertirse en uno de los principales dirigentes sindicales de Brasil durante la dictadura militar.
En 1980 participó de la fundación del Partido de los Trabajadores y llegó a la presidencia en 2003, después de tres intentos electorales fallidos. Durante sus primeros dos mandatos, su gobierno impulsó programas sociales que contribuyeron a reducir la pobreza y el hambre, en un período favorecido también por el auge internacional de las materias primas.
Su trayectoria, sin embargo, estuvo marcada por fuertes controversias. Los gobiernos del PT quedaron atravesados por escándalos de corrupción y Lula pasó 19 meses en prisión entre 2018 y 2019, antes de que sus condenas fueran anuladas por irregularidades procesales y falta de imparcialidad judicial.
En 2022 regresó a la presidencia tras derrotar a Jair Bolsonaro. Ahora, con una nueva victoria electoral, consiguió una remontada que refuerza su lugar en la historia política brasileña.
Un freno al avance de la derecha regional
El resultado brasileño tiene implicancias que exceden las fronteras del país. En un contexto de crecimiento de las fuerzas conservadoras y de mayor influencia de Washington en América Latina, la continuidad de Lula en el poder representa una alternativa política frente a los gobiernos que promueven un mayor alineamiento con Estados Unidos, políticas económicas liberales y posiciones más duras en materia de seguridad.
El mandatario brasileño defendió durante su gestión una política exterior basada en el multilateralismo y en la autonomía estratégica de Brasil. También cuestionó lo que considera intentos de injerencia estadounidense en los asuntos internos de la región.
Ese posicionamiento lo convirtió en una de las principales voces latinoamericanas que mantienen diferencias con Trump. Su nuevo mandato anticipa, por lo tanto, la continuidad de las tensiones diplomáticas, aunque los intereses comerciales y estratégicos entre ambos países seguirán siendo relevantes.
Los desafíos del cuarto mandato
Pese al resultado electoral, Lula deberá enfrentar un escenario complejo. La derecha amplió su representación parlamentaria y conserva una importante capacidad de influencia en los gobiernos estaduales. Esa distribución del poder obligará al presidente a negociar con sectores opositores para avanzar con su agenda legislativa.
A las dificultades políticas se suman las restricciones fiscales y el endeudamiento público y familiar. Si bien Brasil registró avances sociales y una caída del desempleo durante la gestión de Lula, el deterioro de las cuentas públicas limita el margen para ampliar el gasto estatal sin generar nuevas tensiones económicas.
El presidente también tendrá que responder a las demandas relacionadas con la seguridad pública, el costo de vida y el crecimiento económico, cuestiones que ocuparon un lugar central durante la campaña.
A estos desafíos se agrega la cuestión de la sucesión política. Lula había señalado que esta sería su última contienda electoral y su liderazgo continúa siendo uno de los principales activos del PT. La construcción de una alternativa capaz de mantener la cohesión de la izquierda brasileña será una de las tareas pendientes de su nuevo gobierno.
La victoria le permitió a Lula asegurar la continuidad de su proyecto político y frenar el regreso del bolsonarismo a la presidencia. Sin embargo, el resultado no elimina el peso de la derecha ni las dificultades económicas e institucionales que enfrenta Brasil. El desafío de los próximos cuatro años será transformar el triunfo electoral en capacidad de gobierno y definir qué lugar ocupará la izquierda brasileña en la política regional después de su principal referente.