Brasil es la gran interrogante ahora.
Dónde puede perder influencia China en América Latina con el giro a gobiernos de derecha y dónde mantendrá su poder.El regreso de gobiernos de derecha más afines a EE.UU. en países como Colombia y Perú plantea nuevos retos para la relación de América Latina con China. Brasil, por el peso de su economía y sus estrechos vínculos comerciales con Pekín, sigue siendo la principal incógnita de cara a las elecciones.
El giro político hacia la derecha en América Latina puede acercar a varios gobiernos a Estados Unidos y reducir la influencia de China en sectores estratégicos, pero difícilmente se traducirá en una ruptura comercial con Pekín ante el aumento de la dependencia regional a ese mercado asiático.
La región depende de China como comprador de materias primas, proveedor de manufacturas y tecnología e inversor en infraestructura, una relación económica que no puede sustituirse fácilmente por afinidades políticas con Washington, según analistas consultados por Bloomberg Línea.
Qué países de América Latina giran a la derecha y qué se juegan con China
En Colombia, la llegada al poder del ultraderechista Abelardo de la Espriella podría reorientar la relación con China tras el acercamiento impulsado por la administración de Gustavo Petro (2022-2026).
Nathaniel Morris, designado por el presidente Donald Trump para encabezar la misión diplomática estadounidense en Bogotá, adelantó en agosto que durante la administración de Abelardo de la Espriella Colombia podría salir de la iniciativa de la Franja y la Ruta, a la que se adhirió en 2025.
En Perú, la victoria de Keiko Fujimori también abre interrogantes sobre el rumbo de los vínculos con Pekín, pese a la alta dependencia del país andino de las compras que hace el gigante asiático de su cobre.
El resultado de las elecciones entre el actual presidente y líder de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva y el ultraderechista Flávio Bolsonaro también será clave en Brasil, el principal socio comercial de China en América Latina y su aliado en el bloque de países emergentes de los BRICS.
“Es probable que la relación entre América Latina y China haya cambiado muy gradualmente en los últimos años, pasando de una relación tradicional complementaria basada en las materias primas a una más competitiva y, potencialmente, más deliberadamente antagónica en las principales cadenas de suministro industriales”, dijo a Bloomberg Línea Louise Loo, economista jefe para Asia de la consultora Oxford Economics.
Argumentó que el mayor escrutinio de México sobre las inversiones chinas antes de la revisión del T-MEC es un ejemplo de las decisiones de carácter más excluyente que pueden surgir al intentar equilibrar los intereses de Estados Unidos y China.
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Gobiernos de América Latina como Brasil, México y Colombia han acogido cada vez más el capital chino cuando este genera capacidad local, empleo y transferencia de tecnología, pero se resisten a un modelo basado únicamente en las importaciones, según Louise Loo. “Esto queda muy claro en el caso de los vehículos eléctricos”, indica el analista de Oxford Economics.
Por lo tanto, con el giro político hacia la derecha en algunas economías regionales “es posible que veamos más negociaciones sectoriales (especialmente en las áreas de upstream y midstream de la minería, la electricidad, los vehículos eléctricos y las baterías), en lugar de enfoques uniformemente más a favor o en contra de China por parte de estas economías”, anotó.
Según Oxford Economics, América Latina sigue dependiendo de manera significativa del comercio con China, pero no del capital chino en su conjunto. “Por lo general, es más difícil desvincularse del primero que del segundo”, dice Louise Loo.
China absorbe alrededor de un tercio de las exportaciones de los productores y proveedores de materias primas de la región, pero la inversión china representa menos del 10% de la inversión extranjera directa (IED) regional, de acuerdo a cifras de la consultora.
Su influencia es, por lo tanto, sectorial más que generalizada en toda la economía, y se concentra en la minería, la electricidad, las baterías, los vehículos eléctricos, los puertos y las telecomunicaciones.
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Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el comercio exterior de la región se está beneficiando del creciente interés internacional por sus recursos naturales, impulsado por la demanda de minerales críticos, alimentos y energías limpias, especialmente de China.
La Cepal señala que China continúa siendo el principal mercado asiático para la región, pero también destaca el rápido crecimiento del comercio con la India y con las economías de Asia Sudoriental.
Explica que esta dinámica “contribuye a reducir la concentración de las exportaciones en un solo destino y fortalece los vínculos económicos con Asia Meridional y la región Indo-Pacífico”, señala el reporte de Cepal.
El valor de las exportaciones de América Latina y el Caribe a China aumentó un 24% entre enero-junio de 2026, mientras que las importaciones desde ese destino subieron un 10%. Entre tanto, las exportaciones regionales hacia EE.UU. aumentaron un 20% interanual pese a las disrupciones por la política arancelaria del presidente estadounidense, Donald Trump, según esa fuente.
América Latina puede acercarse políticamente a Estados Unidos sin reducir su dependencia económica de China, en visión de los analistas consultados.
Aunque el giro de varios gobiernos hacia Washington plantea nuevos retos para la relación con Pekín, los vínculos comerciales con el gigante asiático siguen siendo determinantes para las economías de la región.
El giro hacia la derecha que se está dando en economías clave de América Latina puede traducirse en una pérdida de influencia de China “más en el terreno político y estratégico que en el comercial”, manifestó a Bloomberg Línea Rafael Pampillón, analista y profesor de Economía del IE Business School, en España.
Dice que una eventual victoria de Flávio Bolsonaro en Brasil acercaría políticamente a la mayor economía de América Latina a Estados Unidos, aunque no necesariamente la alejaría de China.
Citó el ejemplo de Argentina y dijo que, pese a la estrecha alianza de Javier Milei con Washington, China sigue siendo su segundo socio comercial (detrás de Brasil) y el banco central argentino renovó en agosto por cinco años el swap de US$19.000 millones con Pekín.
Según el analista, Ecuador también demuestra que no existe una relación automática entre gobiernos de derechas y alejamiento de Pekín.
El presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, mantiene una estrecha relación con Estados Unidos y, al mismo tiempo, acaba de profundizar sus vínculos económicos con China.
“La clave es que China se ha vuelto demasiado importante como comprador, inversor y proveedor de bienes y servicios para que un cambio político produzca un verdadero desacoplamiento”, dijo Pampillón. “La relación está menos expuesta de lo que podría sugerir el giro político. En Brasil, Chile y Perú, China es ya es el principal socio comercial y compra productos —cobre, mineral de hierro, soja, petróleo o litio— cuya demanda por parte de China responde más a complementariedades económicas que a afinidades ideológicas”.
En Perú, por ejemplo, China se mantuvo como el principal socio comercial en 2025, concentrando el 36,2% del total exportado y registrando un crecimiento superior al 30%.
En este marco, explica que un gobierno más próximo a Washington puede revisar inversiones estratégicas o imponer mayores controles, pero resulta mucho más difícil sustituir a China como cliente, de acuerdo con el profesor de Economía del IE Business School.
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China ante nuevos límites
Para Camilo Defelipe Villa, académico, investigador y especialista en política exterior en la región de Asia Pacífico, el giro político a la derecha en América Latina sí podría reducir las posibilidades de China de ampliar su presencia en sectores estratégicos para Estados Unidos.
También podría limitar su capacidad de influir en las élites políticas y económicas de la región, especialmente en la formación de alianzas público-privadas para proyectos de infraestructura.
Explica que mientras los vínculos entre China y América Latina han sido principalmente comerciales, los espacios multilaterales como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en los que no participa Estados Unidos, no han consolidado una acción política conjunta entre ambas partes.
La falta de mecanismos supranacionales y de capacidad autónoma de implementación limita ese acercamiento.
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En este contexto, el giro a la derecha en la región puede reforzar la percepción de China como una amenaza para los valores políticos occidentales, tanto por la retórica electoral como por su relación con el discurso de Washington.
Sin embargo, señala que países como Chile, Argentina, Perú y Brasil reconocen el peso de China en sus economías y la necesidad de mantenerla como socio comercial, comprador de minerales y productos agropecuarios, proveedor de manufacturas y tecnología, e inversor y operador de infraestructura.
Por ello, considera que estos deberán equilibrar sus vínculos con Pekín frente a las presiones de Estados Unidos.
En el caso de Colombia, “nuestra vinculación con China es profundamente asimétrica en tanto recibimos poca inversión China, y tenemos una balanza comercial desfavorable sin unas políticas de diversificación productiva sólida que nos permitan mejorar nuestra oferta a ese mercado”, según el analista y docente de la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana, de ese país.
En su opinión, corregir este desbalance dependerá de acciones diplomáticas y comerciales y de un clima diplomático cordial, una postura política constructiva.
Defelipe Villa advierte, además, sobre dos riesgos de una mayor dependencia de Washington.
El primero es que Estados Unidos condicione la cooperación para el desarrollo y el acceso a su mercado al cumplimiento de exigencias de seguridad por parte de los países latinoamericanos.
El segundo es que otros focos de tensión internacional, como los conflictos con Irán y Ucrania, o los compromisos con socios del Indopacífico como Japón, Australia e India, desvíen la atención de Washington y reduzcan sus compromisos con América Latina.
En ese escenario, la cautela frente a China podría traducirse en la exclusión de inversiones y restricciones al acceso a financiación china, sin que Estados Unidos compense esas oportunidades perdidas. “Un retraso del cumplimiento en materia económica por parte de EE.UU. podría afectar las metas de desarrollo de los países”.