El presidente desafía la visión impulsada por Gustavo Petro y prioriza la protección del patrimonio religioso.

El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, ha elevado el tono contra la llamada cultura woke que, según ha dicho este jueves en un discurso, “es uno de los grandes cánceres que amenazan la unidad nacional”. Desde el Ministerio de Cultura, ha anunciado que su Gobierno asume “una lucha abierta y frontal contra el wokismo” y liderará una “contrarrevolución cultural” que rompa con la visión de la cultura impulsada por su predecesor, el izquierdista Gustavo Petro, y que le ponga especial atención al patrimonio religioso.
“La cultura no puede seguir utilizándose como instrumento de la ideología. El Estado tiene el deber moral, insoslayable y político de impedir que los espacios culturales sean captados por el socialcomunismo ateo y enemigo de los valores fundamentales sobre los cuales se erige la nación de Colombia”, ha aseverado en un discurso en el que ha saltado su lado más radical, emulando a otros líderes de la región, como el argentino Javier Milei.
Su batalla cultural pretende cambiar varios elementos, que señala como producto de las políticas recientes, como “desconocer las diferencias biológicas entre hombres y mujeres”, usar el lenguaje inclusivo o “falsificar la historia reduciéndola a pugnas entre opresores y oprimidos”. Es una lucha ideológica que ya comenzó en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Su directora se ha negado a usar la expresión “niños y niñas” al argumentar que el término “niñez” ya incluye a todos. Además, el mandatario ha apoyado abiertamente un proyecto de ley que busca limitar los procedimientos de reasignación de sexo en menores.
Otro punto que ha destacado el presidente en su discurso de este jueves ha sido el rechazo a “promover” el terrorismo. Para De la Espriella, hay una “oda” a la criminalidad, pues algunos museos presentan imágenes y la historia de Carlos Pizarro, político y fundador del M-19, la guerrilla que integró Petro, firmó la paz y se desmovilizó para convertirse en un partido político. Pizarro lideró ese proceso y fue asesinado en 1990, cuando era candidato a la Presidencia. “Aquí defendemos la legalidad, la libertad, la institucionalidad y la democracia y si uno defiende esos postulados fundamentales, no puede bajo ninguna circunstancia permitir la apología al terrorismo”.
El mandatario ha encargado esa tarea a su ministra de Cultura, la exsenadora Paola Holguín. La política defiende que “es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia” y en sus pocas semanas en el cargo ha recibido varias críticas de la oposición por tener una experiencia nula en el sector cultural. Entre las medidas que ha tomado, destacan la suspensión de un programa de becas artísticas que funcionó durante casi 30 años y los nombramientos de controvertidas figuras en instituciones como la Biblioteca Nacional o el Instituto Caro y Cuervo, un centro de investigación y educación enfocado en la literatura y la lingüística.
El Ministerio de las Culturas, los Artes y los Saberes —nombre creado por Petro— pasará a llamarse el Ministerio de Cultura y Patrimonio. De la Espriella ha recalcado que en ese patrimonio que debe proteger deben destacarse “con especial atención y celo” los artículos religiosos: “Las iglesias, conventos, el arte sacro, los archivos eclesiásticos, la música religiosa y las mismas manifestaciones de religiosidad, como las procesiones, son parte fundamental de la cultura nacional. Son bienes históricos y artísticos sin los que es imposible comprender la historia del país”.
El presidente, que hace años se consideraba abiertamente ateo pero hace unos años se convirtió al catolicismo, ha privilegiado con diferencia a sus votantes más religiosos, cuyas alas más radicales defienden que la batalla cultural es igual de importante que la lucha contra los grupos armados o la economía.
La educación es parte de esta estrategia. De la Espriella había nombrado inicialmente en el Ministerio del ramo a Viviane Morales, una política evangélica conocida por sus posturas contra el matrimonio igualitario y la adopción de parejas del mismo sexo. Morales renunció al cargo por motivos personales y el Gobierno redobló la apuesta al reemplazarla por la ultracatólica Ilva Myriam Hoyos, abogada que a inicios de siglo azuzaba una teoría conspirativa sobre una supuesta “conjura” en América Latina que buscaba permitir “el aborto, la eutanasia y demás atentados contra la vida”.
La oposición ha rechazado los anuncios del presidente. Juan David Correa, exministro de Cultura de Petro, ha dicho que se tratan de “palabras necias”. “Quieren que reaccionemos ante su precariedad intelectual. Son menores, realmente: muy menores. Pobres seres sin tiempo, sin memoria, sin vida: para destrozar no se necesita ni un ápice de cultura”, ha publicado en sus redes sociales. El congresista verde Duvalier Sánchez ha cuestionado los términos de la “contrarrevolución”: “Cuando un Gobierno pretende decidir qué valores representan a toda una nación, lo que está en juego es el derecho de Colombia a reconocerse en toda su diversidad”.