Especialistas advierten que algunos cambios aparentemente cotidianos pueden justificar una consulta médica.
Olvidar una conversación reciente, repetir varias veces la misma pregunta, perderse en un lugar conocido o comenzar a tener dificultades con tareas que durante años se realizaron sin problemas pueden ser señales de un deterioro cognitivo que merece ser evaluado.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 57 millones de personas viven actualmente con demencia en el mundo y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos. El Alzheimer es la forma más frecuente y representa aproximadamente entre el 60% y el 70% de las demencias.
Las cinco señales de alerta
Especialistas en neuropsicología destacan cinco cambios que pueden llamar especialmente la atención:
- Olvidar hechos o conversaciones recientes.
No se trata de olvidar ocasionalmente dónde quedaron las llaves, sino de no recordar conversaciones completas, acontecimientos recientes o repetir preguntas sin recordar que ya fueron respondidas.
- Tener dificultades con actividades habituales.
Una persona que durante años administró sus cuentas, cocinó una determinada receta o realizó una tarea cotidiana puede comenzar a cometer errores o necesitar ayuda para actividades que antes hacía con normalidad.
- Perderse en lugares conocidos.
La desorientación puede ser especialmente significativa cuando ocurre en sitios familiares o incluso en recorridos que la persona realizó durante años.
- No encontrar palabras de uso cotidiano.
Los llamados “bloqueos” ocasionales son normales. La señal de alerta aparece cuando se vuelve frecuente la dificultad para encontrar palabras muy habituales, nombres de familiares u objetos conocidos.
- Cambios llamativos en la conducta o personalidad.
El aislamiento, la pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba, la falta de iniciativa o modificaciones importantes en el estado de ánimo también pueden aparecer entre los primeros signos.
Los especialistas remarcan que ninguna de estas señales, por sí sola, permite diagnosticar Alzheimer. Lo importante es observar si los cambios son persistentes, representan una modificación respecto del comportamiento habitual y comienzan a interferir con la vida cotidiana.
La importancia de consultar a tiempo
La demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento. La OMS señala que existen distintos factores modificables asociados al riesgo, entre ellos la inactividad física, el tabaquismo, el aislamiento social, el consumo nocivo de alcohol, la hipertensión, la diabetes y la exposición a la contaminación del aire. Sus nuevas directrices estiman que factores potencialmente modificables podrían estar relacionados con cerca del 45% del riesgo de demencia.
Por eso, ante cambios persistentes en la memoria, la orientación, el lenguaje o la conducta, la recomendación es realizar una evaluación profesional y evitar atribuir automáticamente los síntomas al paso de los años.
El diagnóstico también plantea un desafío para las familias: acompañar sin reemplazar completamente a la persona. Mantener las actividades que todavía puede realizar, respetar sus decisiones y adaptar la ayuda a sus necesidades permite preservar durante más tiempo su autonomía y calidad de vida.