Este reportaje periodístico televisivo aborda la situación del hambre en Perú a través de dos historias. El video presenta entrevistas a una mujer ganadera de alpacas en una zona rural andina y a un hombre en un asentamiento urbano, quienes narran sus desafíos para la subsistencia. Se observan un estudio de noticias, viviendas rústicas, el pastoreo de alpacas y las personas entrevistadas.
Perú atraviesa su peor nivel de hambre en 15 años, según el Índice Global del Hambre 2025. La situación alcanza desde comunidades rurales de altura, donde las familias dependen de sus propios animales para comer, hasta los cerros de San Juan de Lurigancho, en Lima, donde adultos mayores sostienen a sus hogares con raciones de ollas comunes y materiales reciclables.
El deterioro también afecta a Lima Metropolitana. Un especialista advirtió que la pobreza en la capital pasó del 14% antes de la pandemia al 27% y situó a la ciudad entre las zonas con mayores dificultades de acceso a alimentos del país. La recuperación económica no llegó de la misma forma a todos los hogares y las redes comunitarias continúan cubriendo necesidades básicas.
La distancia entre Arequipa y Lima no modifica la incertidumbre diaria de muchas familias. En Chocñihuaki, una comunidad alpaquera de la provincia de Condesuyos, Basilia Ancasi alimenta a los suyos con la carne de sus animales y recurre al trueque para obtener papas o chuño. En Huáscar, Emilio Gaspar depende de la comida que recibe en una olla común para él y sus dos nietos.
El video presenta a Emilio, un hombre en San Juan de Lurigancho, y su labor de reciclaje en un entorno de vivienda precaria. Se observa a Maribel Ascona, integrante de una olla común, preparando un estofado para 56 personas. Asimismo, un economista analiza el incremento de la pobreza y la inseguridad alimentaria en la capital peruana.
Una alpaca puede representar un mes de comida para una familia en Arequipa
Basilia Ancasi, de 36 años, vive a unos 5.000 metros sobre el nivel del mar, cerca de la frontera entre Arequipa y Cuzco. Tiene 100 alpacas y vende alrededor de 20 por año. Si cada animal se comercializa a 250 soles, obtiene 5.000 soles anuales, equivalentes a unos 416 soles mensuales o 13 soles por día.
Una mujer con sombrero acomoda cobijas en un entorno de piedra con un rótulo televisivo que dice El hambre en el Perú
La crianza de alpacas sostiene la economía doméstica, aunque los ingresos no siempre alcanzan para cubrir otras necesidades. Cuando necesita papas o chuño, Basilia intercambia animales con comerciantes de la zona. Por una alpaca puede recibir un saco de papas de cinco arrobas o dos arrobas de chuño. La carne de un animal sacrificado puede durar un mes gracias a las bajas temperaturas.
Cuatro mujeres manipulan ollas grandes de metal en una habitación de madera con un rótulo de televisión que dice El hambre en el Perú
Varias mujeres cocinan alimentos en ollas de gran tamaño dentro de una cocina comunitaria en Perú.
En la comunidad, el frío condiciona la alimentación, la salud y la educación. La casa de piedra de Basilia no evita que las heladas atraviesen sus siete frazadas. Durante las madrugadas, la temperatura puede bajar hasta -20 °C, lo que también afecta a las alpacas, expuestas a neumonía y enfermedades bronquiales. La pérdida de animales reduce aún más los recursos disponibles para las familias.
La escuela y la posta existen, pero no cuentan con servicios permanentes
Los pobladores de Chocñihuaki conviven con infraestructura sin funcionamiento pleno. Hay postes de luz, pero no electricidad; una posta médica, pero sin personal de salud; y una escuela, la institución educativa 4057, donde los alumnos pierden parte del calendario lectivo por la ausencia temporal de docentes durante los meses de frío.
El alcalde de Callarí, John Raúl Uranova Condori, reconoció que en la práctica se dictan tres semanas de clases por mes. El sistema de alternancia reduce el tiempo de enseñanza y deja a los estudiantes de esta comunidad con una carga escolar inferior a la del resto del país. La diferencia acumulada equivale a dos meses y cinco días menos de clases al año.
Francisco Huamaní Cirincha, uno de los comuneros, señaló que la llegada de equipos de televisión fue un hecho inusual para la localidad. También describió el impacto de la migración: existen alrededor de 180 comuneros empadronados, pero solo permanece cerca del 40%. La falta de servicios y oportunidades empuja a los jóvenes hacia otras ciudades, mientras los adultos mayores quedan al frente de la crianza de animales.
Un hombre junto a la puerta de una casilla en un cerro con viviendas, con rótulos de texto que indican Emilio y El hambre en el Perú
Un hombre permanece en la entrada de su casa en una ladera habitada de Perú durante un reporte informativo sobre la situación del hambre.
Inflación, recesión y falta de políticas profundizaron el estancamiento
El Índice Global del Hambre 2025, presentado por la red Alianza 2015, ubicó a Perú en niveles similares a los de hace una década. El informe considera indicadores de mortalidad infantil, malnutrición crónica, desnutrición aguda infantil y retraso en el crecimiento de niños y niñas.
Un hombre de edad avanzada con gorra y bastón sostiene una bolsa junto a una puerta de madera en una zona alta
Emilio Gaspar ingresa a su vivienda tras recolectar plástico, actividad con la que obtiene 15 soles diarios en Perú.
El diagnóstico atribuye el estancamiento a varios factores. Entre ellos aparecen la inflación, las consecuencias internacionales de la guerra entre Rusia y Ucrania, la recesión y la inestabilidad política peruana. El crecimiento económico, según el análisis, no reduce por sí solo el hambre ni la pobreza si no se acompaña de políticas públicas dirigidas a los sectores con menores ingresos.