Cientos de miles expresaron su fe y renovaron su fidelidad en la Fiesta del Milagro de Salta

Como cada año, cientos de miles de peregrinos llegaron durante la última semana a la ciudad de Salta, en el norte argentino, para celebrar al Señor y la Virgen del Milagro, una de las muestras de fe más convocantes del país.

Durante los días de la novena y el triduo, las calles de Salta se pueblan de fieles que rezan con devoción al Señor y a la Virgen del Milagro, a cuya intercesión atribuyen la protección recibida por el pueblo salteño durante el sismo que sacudió la ciudad en 1692.

Luego de celebrar el domingo la solemnidad de Nuestra Señora del Milagro y el lunes la Exaltación de la Cruz, el triduo culminó este martes con la celebración del Señor del Milagro y el pacto de fidelidad a Cristo y a la Virgen que los salteños renuevan cada año con gran devoción.

La Misa estacional estuvo presidida por el Nuncio Apostólico en Argentina, Mons. Michael Banach, quien transmitió a los presentes un mensaje del Papa León XIV. Evocando un encuentro que mantuvo con el Santo Padre, el nuncio recordó a los fieles: “¡Dios los ama!” y “¡el Papa León también los ama! ¡Dios quiere mostrarles su amor y su misericordia!”, y expresó la cercanía espiritual del Pontífice, a pocas semanas de su llegada a la Argentina.

Entre los concelebrantes se encontraban el Arzobispo de Salta, Mons. Mario Antonio Cargnello; el Obispo Castrense, Mons. Santiago Olivera; el Obispo de la Prelatura de Cafayate, Mons. Darío Quintana OAR; Mons. José Antonio Díaz, Obispo de Concepción, entre otros obispos y sacerdotes del clero local.

La celebración contó con la presencia de la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel; y del gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, entre otras autoridades.

En su homilía, Mons. Banach se centró en el profundo significado de la peregrinación y de la renovación anual del pacto de fidelidad. Y al celebrar al Señor del Milagro, recordó que la fe cristiana está centrada en la entrega redentora de Cristo.

“Si el grano de trigo no cae en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”, dijo el nuncio citando el Evangelio, y comparó: “Para Jesús, al igual que para el grano de trigo, el camino hacia la gloria pasaba por la muerte”.

“Esta es la teología de la cruz que Jesús vino tanto a enseñar como a vivir”, afirmó, y aunque advirtió que “muchos considerarían que esta teología no tiene nada de gloriosa, es precisamente aquí donde vemos su gloria con mayor claridad”.

“A través de su muerte, Jesús produciría mucho fruto. Esta es la paradoja central, el misterio clave del cristianismo, que tanto Cristo como los cristianos deben morir a este mundo para ganar la vida”, sintetizó, recordando que el Señor venció el poder del pecado y de la muerte para abrir a la humanidad un camino de salvación.

“Ustedes han venido en peregrinación al Señor y la Virgen del Milagro. Jesús quiere que comprendan claramente su propósito: que él no vino para vivir, sino para morir, para que mediante su muerte pudiera producir una cosecha de vida y salvación, una cosecha de paz”, insistió.

En el marco de esta solemnidad especial, invitó entonces a contemplar ese misterio de amor que se materializa en la Cruz y en la Resurrección.

Al recordar el camino al Calvario, Mons. Banach destacó que Jesús no buscó evitar el sufrimiento sino que “avanzó con firmeza hacia ese destino”, donde no sólo atravesó sufrimiento físico sino también abandono, señalando que lo hizo “para salvar nuestra alma”.

Tomando como referencia el lema de este año —“Señor del Milagro, Tú eres nuestra paz. Oramos para recibirla y servimos para darla”—, Mons. Banach aseguró que Jesucristo es la verdadera fuente de la paz que el corazón humano busca, una paz que nace del amor redentor manifestado en la cruz.

“Mientras tengan luz, crean en la luz y serán hijos de la luz”, instó, llamando a las familias a transmitir la fe y a hacer de su proclamación “la máxima prioridad de nuestras vidas”.

“¡Señor del Milagro, Cristo Redentor, del pueblo de Salta no apartes tu amor!”, rezó para finalizar.

Al término de la celebración, el Arzobispo anfitrión, Mons. Mario Cargnello, agradeció al nuncio por su presencia y por la cercanía del Papa expresada en su mensaje, y respondió en nombre de los salteños: “Dígale que nosotros también lo queremos y que nos estamos preparando espiritualmente para su visita a la Argentina».