Diez años después de la última gran radiografía mundial de las remesas, uno de los mayores flujos financieros internacionales, el panorama ha cambiado. Las transferencias de dinero que las personas migrantes envían a sus países de origen se han duplicado hasta alcanzar los 728.600 millones de dólares (unos 626.000 millones de euros) en 2025, una cifra que supera ampliamente la ayuda oficial al desarrollo. El nuevo informe del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), publicado este lunes, revela además un giro geográfico y tecnológico: América Latina es la región donde más han crecido y la mitad de los envíos ya se realizan de forma digital, frente a un panorama dominado en un 90% por el efectivo hace apenas una década.
Más de 1.300 millones de personas en todo el mundo forman parte de los giros internacionales. Unos 220 millones de migrantes envían dinero a alrededor de 1.100 millones de familiares en sus países de origen, ayudándoles a cubrir necesidades básicas como la alimentación o la vivienda. Las cifras, sin embargo, deben leerse con cautela. El informe no descuenta el efecto de la inflación, por lo que el aumento registrado no equivale necesariamente a una duplicación del poder adquisitivo de las familias.
Aun así, la tendencia es clara: las transferencias han crecido a un ritmo medio cercano al 8% anual durante la última década. Según Pedro de Vasconcelos, gerente del Fondo de Financiación para las Remesas del FIDA, este aumento se explica por varios factores, entre ellos una comunicación más constante entre quienes emigran y quienes se quedan. “Más conexión implica mayor capacidad de respuesta. Antes era una llamada telefónica; hoy hay conversaciones por WhatsApp en cualquier momento. La persona sabe casi inmediatamente que sus familiares necesitan recursos para pagar una matrícula escolar, reparar un techo o afrontar una emergencia médica. Y puede enviar el dinero en segundos desde su teléfono”.