Pakistán, potencia nuclear y clave en el sur de Asia: un actor estratégico mucho más cercano a España

El 79 aniversario de su independencia consolida a Islamabad como eje geopolítico entre Europa, Pekín y Oriente Medio

Emiratos Árabes Unidos encabeza el auxilio humanitario global frente a desastres naturales

El 14 de agosto Pakistán conmemora el 79 aniversario de su independencia del Raj británico en 1947, acontecimiento histórico que dio origen a un nuevo Estado bajo el liderazgo de Mohammed Ali Jinnah, conocido popularmente como Quaid-e-Azam («Gran Líder») y padre fundador de la nación. Situado estratégicamente entre India y Afganistán, el país consolida en 2026 su posición como un actor geopolítico indispensable para comprender la estabilidad en Asia.

Las relaciones bilaterales entre Pakistán y España presentan un potencial de crecimiento significativo, apoyado en una sólida cooperación policial y migratoria coordinada por el Ministerio del Interior de España y el Ministerio de Asuntos Exteriores de España. En el plano cultural, las ciudades de Córdoba y la histórica Lahore —capital del Punjab— mantienen un hermanamiento formal desde 1968, inspirado en la profunda admiración que el poeta nacional pakistaní Muhammad Iqbal profesaba por Al-Ándalus.

Lejos de la distancia geográfica, los lazos humanos aproximan a ambos países: más de 117.000 ciudadanos pakistaníes residen de forma estable e integrada en España, con núcleos destacados en Barcelona (donde viven más de 25.000), Valencia y Logroño, contando ya con una amplia presencia de segundas generaciones activas en el tejido vecinal, empresarial y académico.

En el ámbito de la seguridad, Madrid e Islamabad refuerzan su coordinación a través de la Policía Nacional y la Guardia Civil para ordenar los flujos migratorios, agilizar los retornos y combatir las redes clandestinas de tráfico de personas, con especial atención a las rutas de tránsito afganas. Asimismo, ambos Estados colaboran en la prevención del terrorismo internacional y la radicalización, en un contexto en el que la región acusa el impacto de la crisis afgana tras el regreso de los talibanes al poder.

Desde 2023, Islamabad ha gestionado bajo la supervisión del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) el retorno a Afganistán de más de 2,6 millones de afganos, al tiempo que denuncia el uso del territorio vecino por parte de organizaciones armadas como Tehrik-e-Taliban Pakistán (TTP) para planificar ataques en suelo pakistaní, generando un desafío humanitario y de seguridad fronteriza.

Pakistán reúne singulares contrastes estructurales: es la quinta nación más poblada del planeta, con 240 millones de habitantes, y se mantiene como la única potencia nuclear de mayoría musulmana supervisada en materia de salvaguardias por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Su peso geoestratégico es indiscutible al actuar como bisagra entre China, India, Afganistán e Irán; sin embargo, afronta severas tensiones económicas internas marcadas por la inflación, la deuda exterior y problemas energéticos derivados de la inestabilidad en el estrecho de Ormuz.

Esta realidad obliga al Gobierno de Pakistán a mantener un delicado equilibrio diplomático entre su alianza estratégica con Pekín, los vínculos con las monarquías del Golfo, el diálogo con Washington y la Unión Europea, y los compromisos de estabilidad financiera suscritos con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Más allá de la geopolítica, el dinamismo pakistaní abarca un potente sector textil, agricultura, tecnología, ecosistemas de start-ups, universidades, producción cultural y una intensa vida urbana en enclaves como Islamabad, Lahore o el polo portuario de Karachi. En el terreno comercial, las exportaciones españolas a Pakistán —principalmente agroalimentarias— registraron un incremento del 75 % en 2024 respecto al ejercicio previo.

Por su parte, la Unión Europea figura entre sus principales socios comerciales globales. En 2025, el comercio bilateral de bienes alcanzó los 12.200 millones de euros, representando el 14,1 % del comercio total pakistaní. Aunque la relación presenta una marcada asimetría —Pakistán supone el 0,2 % de los intercambios comunitarios—, su enclave territorial lo sitúa como una pieza de ajedrez fundamental frente al tablero compartido con China, India y Oriente Medio.

En el terreno militar, el Ejército de Pakistán cuenta con 660.000 efectivos en activo, situándose como el cuarto ejército por volumen en Asia tras China, India y Corea del Norte. Como miembro fundador de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) —integrada por 57 Estados—, su ascendente rebasa el marco árabe y se proyecta sobre Turquía, Azerbaiyán, Asia Central e Irán.

En este marco, Arabia Saudí, Pakistán y Turquía firmaron el 7 de agosto el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca, un tratado que profundiza las bases suscritas en Riad en septiembre de 2025 para establecer mecanismos de defensa mutua, maniobras conjuntas, coordinación de inteligencia e industria militar impulsada por el Ministerio de Defensa de Pakistán, abriendo la puerta a futuras adhesiones como la de Egipto. Paralelamente, Islamabad desempeña funciones clave de mediación diplomática entre Estados Unidos e Irán.

 

Respecto a Pekín, la alianza estratégica se materializa en infraestructuras de primer orden como el puerto de Gwadar, nodo central del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, conectando el comercio continental directamente con las rutas del mar Arábigo y el océano Índico.

 

En la actualidad, Pakistán articula su acción exterior a través del Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán combinando sus lazos con China, Estados Unidos, Turquía, el Golfo y Europa con la gestión prioritaria de su rivalidad histórica con la India. Este diferendo, originado en la partición de 1947 y centrado en la soberanía disputada de Cachemira en la cordillera del Himalaya, condiciona el equilibrio defensivo regional en un escenario donde la pasión por el críquet convive con una competencia geopolítica de primer orden.