Argentina se derrumbó del puesto 70 al 104 en un índice global clave para el desarrollo económico en sólo tres años

El informe internacional advierte sobre el deterioro de los incentivos económicos y la persistencia de modelos rentistas en el país

Una caída de 18 posiciones en un año y 34 puestos en tres años en el ranking global del Elite Quality Index (EQx) dejó a la Argentina en el puesto 104 de 151 países, según el informe 2026 publicado por la Universidad de St. Gallen y la Fundación para la Creación de Valor. El estudio, enfocado en medir la capacidad de las elites nacionales para crear valor sostenible en el largo plazo -en oposición a extraerlo-, otorga a la Argentina una de las peores calificaciones de la región y describe un esquema de incentivos que favorece la preservación de rentas por sobre la inversión productiva.

Según el reporte, Argentina pasó del puesto 70 en 2024 al 86 en 2025 y descendió al 104 en 2026. Este retroceso se vincula a un proceso de deterioro estructural y a la “incapacidad de convertir el poder de sus elites en valor económico sostenible”. El informe subraya: “Argentina ocupa una posición estructuralmente desfavorable en el ranking global. Un repaso de la trayectoria de tres años muestra una clara y sostenida caída en el desempeño”.

La clasificación EQx, elaborada por un equipo internacional dirigido por Tomás Casas-Klett y Guido Cozzi, utiliza 148 indicadores distribuidos en 12 pilares para comparar la calidad de las elites de 151 países. La metodología se basa en medir el equilibrio entre modelos de negocio que crean valor y aquellos que extraen valor (rentistas), contemplando tanto dimensiones económicas como políticas. El índice distingue entre “Poder” (capacidad de influencia de las elites) y “Valor” (capacidad de generar desarrollo económico y humano sostenible).

En el caso argentino, el informe identifica una brecha marcada entre la dimensión política y la económica. Mientras el país conserva un nivel intermedio de Poder Político (puesto 39) y Poder Económico (puesto 60), el desempeño en Valor Económico (puesto 137) y Valor Político (puesto 128) resulta muy bajo en comparación con otros países de la región y del mundo. El reporte destaca: “El sistema político muestra capacidad de coordinación, pero esto no se traduce en creación de valor económico. Se privilegian modelos extractivos y rentistas”.

Argentina desciende en el ranking del Elite Quality Index debido a la persistencia de un modelo de incentivos que favorece la preservación de rentas y la protección de sectores poco competitivos, en lugar de impulsar la creación de valor sostenible. El informe señala que el país combina un poder político relativamente alto con una débil capacidad para traducir ese poder en desarrollo económico, producto de la fragmentación institucional, la elevada carga impositiva sobre el consumo, la erosión del capital productivo y la falta de competencia externa. Esta estructura perpetúa modelos empresariales rentistas y limita la innovación, lo que deriva en estancamiento, fuga de talento y un deterioro sistemático de los indicadores de valor económico, provocando una caída sostenida en la posición global de la Argentina.

Las causas de este estancamiento estructural se vinculan con lo que los autores denominan un “empate hegemónico”, una situación en la que las elites acuerdan tácitamente un modelo fiscal que favorece a los sectores con rentas y patrimonios acumulados, trasladando la carga tributaria a los consumidores. Según el documento, “este pacto implícito estabiliza posiciones de poder pero desalienta la creación de valor y acentúa la desigualdad”.

El EQx señala que la destrucción del capital productivo es uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. “Cuando el capital destruye valor, el país pierde su futuro. El capital es donde una sociedad decide si financia producción e innovación, o si sostiene la supervivencia de un equilibrio frágil y la depredación”, sostiene el reporte.

El informe también destaca que, a pesar de los recursos naturales (puesto 70) y una base de capital humano históricamente fuerte (puesto 8), la Argentina no logra traducir estos activos en crecimiento económico. El país muestra, además, sofisticación financiera relativa (puesto 58) y capacidad estatal para implementar políticas, pero persiste en una dinámica de inestabilidad y bajo crecimiento.

En declaraciones a Radio Mitre, Tomás Casas-Klett explicó: “El problema argentino es un problema de conversión. Hay poder y capacidad, pero los incentivos están diseñados para preservar rentas y evitar la competencia interna real”. Para el académico, la falta de competencia genuina entre elites limita las posibilidades de transformación productiva.

El documento detalla una serie de indicadores críticos en los que Argentina muestra debilidad: inflación (puesto 130), deflactor del PBI (puesto 146), formación bruta de capital (puesto 126), share de importaciones alcanzadas por medidas proteccionistas (puesto 134), globalización económica (puesto 111) y libertad comercial (puesto 115).

El Elite Quality Report 2026 profundiza en el análisis del “pacto fiscal tácito” que sostiene el empate hegemónico entre elites políticas y económicas. Según los autores, este acuerdo traslada la carga tributaria al consumo y la financiación vía inflación, preservando ingresos y activos existentes sin gravar la renta ni el patrimonio. El efecto, advierte el informe, es la erosión sistemática del valor de los ahorros y salarios, y la destrucción del capital que podría financiar inversiones.

“La destrucción del capital productivo se convierte en un mecanismo implícito de compromiso político, permitiendo evitar el conflicto directo sobre renta y patrimonios”, describe el reporte. Los incentivos para invertir a largo plazo se ven desplazados por la necesidad de proteger la liquidez, y el sistema canaliza el ahorro hacia activos de corto plazo y alto rendimiento especulativo.

El estudio de la Universidad de St. Gallen pone el foco también en la falta de competencia internacional y la excesiva protección de ciertos sectores. “El valor del productor es débil porque falta exposición a la competencia externa y sobra dependencia de mecanismos proteccionistas”, advierte el documento. Esto desalienta la innovación y perpetúa modelos empresariales poco productivos.