La crisis del dólar se gestó durante el gobierno de Arce y la unificación cambiaria reabre el debate

La escasez de divisas comenzó con la caída de las reservas y las restricciones al acceso a dólares.

Economista advierte que la reciente unificación del tipo de cambio no resolverá la crisis sin reformas económicas de fondo

La reciente decisión del Gobierno nacional de unificar el tipo de cambio reavivó el debate sobre la crisis cambiaria en Bolivia. Sin embargo, el origen del problema se remonta a la gestión del expresidente Luis Arce Catacora, cuando comenzaron las dificultades para acceder a divisas y el mercado paralelo empezó a ganar protagonismo.

Los primeros signos de la escasez de dólares se hicieron evidentes a comienzos de 2023, cuando el Banco Central de Bolivia (BCB) redujo la venta de divisas al público y comenzaron a formarse largas filas en las entidades financieras para adquirir moneda estadounidense.

En ese contexto, el Gobierno de Arce puso en marcha mecanismos para incentivar el ingreso de dólares al país. Entre ellos destacó un tipo de cambio diferencial para los exportadores, que podían vender sus divisas a un precio superior al tipo de cambio oficial de Bs 6,96 por dólar. La medida buscaba aumentar la oferta de moneda extranjera en el sistema financiero, aunque no logró revertir la escasez.

Paralelamente, las Reservas Internacionales Netas (RIN) continuaron disminuyendo tras varios años de caída sostenida. La reducción de estos activos limitó la capacidad del Banco Central para abastecer de dólares al mercado y profundizó la desconfianza sobre la disponibilidad de divisas.

Como consecuencia, el mercado paralelo comenzó a fijar una cotización cada vez más alejada del tipo de cambio oficial. Durante los meses siguientes, el precio del dólar fue escalando hasta alcanzar cerca de Bs 20 por unidad en mayo de 2025, reflejando la brecha entre la oferta y la demanda de divisas.

Desde entonces, numerosas operaciones comerciales, importaciones y transacciones entre privados comenzaron a realizarse tomando como referencia el valor del dólar paralelo, mientras el tipo de cambio oficial permanecía sin modificaciones.

Con la llegada del presidente Rodrigo Paz, el Ejecutivo decidió unificar el tipo de cambio, una medida que generó críticas desde distintos sectores económicos y políticos. Los cuestionamientos se centraron en el impacto que podría tener sobre los precios y la inflación.

No obstante, analistas económicos señalan que el tipo de cambio oficial ya había perdido relevancia en gran parte de las operaciones del mercado, debido a que la disponibilidad de dólares al precio fijado por el Estado era limitada y muchas transacciones se realizaban utilizando la cotización del mercado paralelo.

El economista, Germán Molina, sostuvo que la crisis cambiaria es el resultado de un proceso acumulado durante varios años y no de una sola decisión de política económica. Recordó que Bolivia mantuvo un tipo de cambio prácticamente fijo desde noviembre de 2011, pese a que otros países de la región operaban con esquemas cambiarios más flexibles.

Según el analista, el problema comenzó a profundizarse cuando disminuyó el ingreso de divisas al país y el Banco Central empezó a perder reservas internacionales, reduciendo su capacidad para abastecer de dólares al mercado. A su juicio, esa combinación derivó en el crecimiento del mercado paralelo y en la pérdida de confianza en la moneda nacional.

Molina señaló que el tipo de cambio diferencial implementado durante la administración de Luis Arce para captar divisas de los exportadores no constituyó una devaluación formal, sino un mecanismo para incentivar el ingreso de dólares. En su criterio, la depreciación del boliviano ya se producía de hecho porque las operaciones comerciales comenzaron a migrar hacia el mercado paralelo.

Respecto a la decisión del Gobierno de Rodrigo Paz, el economista afirmó que la unificación del tipo de cambio representa una devaluación oficial de la moneda, pero cuestionó que la medida haya sido adoptada sin un programa económico integral que fortalezca su sostenibilidad.

A su juicio, la política cambiaria debió ir acompañada de un ajuste fiscal, la conformación de un fondo de estabilización alimentado con divisas provenientes de las exportaciones y mecanismos que garanticen un mayor ingreso de dólares al Banco Central, tomando como referencia experiencias aplicadas anteriormente en Bolivia y en otros países de la región.

 

Asimismo, observó que el mantenimiento de la subvención a los combustibles y la continuidad de controles sobre el sistema financiero reducen la credibilidad de la nueva política cambiaria. También indicó que la oferta de dólares en el sistema bancario continúa siendo limitada, pese al anuncio de liberalización del mercado.

 

Para Molina, mientras no se restablezca el flujo de divisas y no se implementen reformas fiscales y monetarias de mayor alcance, la unificación cambiaria difícilmente resolverá los problemas estructurales que enfrenta la economía boliviana y el acceso de la población y las empresas a la moneda estadounidense.