Esta tarde desde las 17.30 en el Boston Stadium, Paraguay se mide con Alemania en los dieciseisavos del Mundial 2026 y la Albirroja llega con el mismo espíritu combativo que caracterizó al ciclo: competir de igual a igual contra los poderosos y ver qué pasa.
El camino de Paraguay a esta instancia no fue lineal. La derrota en el debut ante Estados Unidos tocó fondo rápido, pero el equipo se repuso con una victoria épica ante una Turquía que llegaba con mucho cartel y poco fútbol. El empate posterior ante Australia no fue brillante, pero alcanzó para clasificar. Tres partidos, tres resultados distintos y un equipo que sabe sufrir y sabe ganar cuando el partido lo exige. Almirón, Enciso y Ávalos son las cartas más peligrosas en ataque y Alfaro los tiene bien engrasados para el momento decisivo.
Alemania llega al cruce con una imagen muy diferente a la que proyectó al inicio del torneo. El 7 a 1 a Curazao en el debut fue engañoso: lo que vino después mostró a una Mannschaft endeble en las disputas, poco clara con la pelota y vulnerable cuando el rival propone intensidad. El triunfo agónico ante Costa de Marfil dejó más alivio que confianza, y la derrota ante Ecuador —merecida, según el propio análisis del cuerpo técnico— expuso las limitaciones de un equipo que todavía no encontró su mejor versión bajo la conducción de Julian Nagelsmann.
El talento individual no le falta. Musiala, Wirtz y Sané son tres de los mejores jugadores del mundo en sus posiciones y en cualquier momento pueden resolver un partido de manera individual. Havertz es la referencia ofensiva y Kimmich el cerebro desde atrás. El problema es que esas individualidades no terminaron de conectar como un colectivo y Paraguay, que se para bien defensivamente con Gómez y Alonso en el centro de la zaga, puede capitalizar esa falta de ritmo.