Europa lleva tres años rearmándose a una velocidad que no se veía desde la Guerra Fría. Pero rearmarse requiere algo más que presupuesto: requiere controlar quién fabrica las armas. Esta semana, Alemania dio un paso que define ese control para las próximas décadas: compró el 40% de KNDS, el mayor fabricante europeo de tanques y artillería, sumándose al 40% que ya tenía Francia.
En su columna de Infobae al Mediodía, el analista internacional Andrei Serbin Pont explicó qué hay detrás de la operación y qué revela sobre el nuevo rumbo de la defensa continental.
KNDS produce el tanque Leopard 2 y el obús autopropulsado Caesar, dos sistemas centrales en el rearme europeo desde la invasión rusa de Ucrania. “Gran parte de eso tiene que ver con la demanda de Ucrania, pero varios otros países europeos encontraron en este tipo de artillería móvil algo sumamente útil”, señaló Serbin Pont.
El Caesar pasó de fabricar dos unidades mensuales a doce, reflejando la aceleración productiva que generó el conflicto. El Leopard 2A8 ya tiene pedidos de Alemania, Noruega, Lituania, Países Bajos y República Checa. “Al día de hoy, hay pocos países en el mundo que están fabricando tanques desde cero. En Europa, los únicos son esta misma empresa”, remarcó el analista.
La empresa cuenta con casi once mil empleados y en 2024 facturó 3.800 millones de dólares, con una cartera de pedidos que creció de 11.000 millones en 2022 a más de 23.500 millones en la actualidad. Una empresa que hasta hace pocos años era desconocida fuera de los círculos de defensa hoy es uno de los activos industriales más codiciados de Europa.
La decisión de compra no fue planificada. Fue una respuesta de urgencia. Según reportaron Reuters y el Financial Times, las familias alemanas dueñas del 50% de KNDS querían retirarse del negocio. Cuando a principios de mayo trascendió que la empresa checa CSG les había hecho una oferta en efectivo, Berlín intervino rápidamente para impedir que la firma estratégica quedara fuera de control europeo.
Alemania adquirirá el 40% de KNDS a través de su banco estatal, igualando la participación de Francia. Entre ambos gobiernos controlarán el 80% de la compañía. “Estas grandes empresas proveedoras tienen un valor estratégico y por ende es importante que retengamos un control estatal para asegurarnos de poder controlar las tomas de decisiones sobre a quién se adjudican recursos y tecnología militar”, afirmó Serbin Pont.
La operación, valuada en ocho mil millones de dólares, no solo busca preservar la soberanía tecnológica sino garantizar que las decisiones sobre armamento y exportaciones sean definidas en Berlín y París, no en Praga ni en ninguna otra capital externa al núcleo europeo.
El negocio de la defensa legal mueve cifras que superan ampliamente a otras industrias globales. “El tráfico de drogas mueve entre 420.000 y 650.000 millones de dólares por año, mientras el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras va de 1.700 a 3.500 millones anuales”, comparó Serbin Pont.
La comparación no es gratuita: ilustra que la industria de defensa legal mueve órdenes de magnitud superiores al crimen organizado, y que por eso los Estados no pueden permitirse perder el control sobre ella. Solo Alemania gastará este año 114.000 millones de dólares en defensa.