«El Niño» 2026: ¿Cómo nos preparamos para sus efectos en América Latina y el Caribe?

La Cruz Roja Guatemalteca brindó asistencia humanitaria a las brigadas de respuesta y a las comunidades más afectadas por los incendios forestales en el departamento de Petén, que se vieron agravados por los efectos climáticos del último fenómeno de El Niño que en el periodo 2023-2024.

Claves para entender qué esperar de este fenómeno climático y cómo la Cruz Roja está actuando para proteger a las comunidades más vulnerables.

Los modelos meteorológicos indican que estamos a las puertas de un «Niño” fuerte, bajo el que podríamos experimentar aumentos de temperaturas que superarían los 2°C o 3°C en el Océano Pacífico.

Cada fenómeno de El Niño es único y se comporta de forma distinta, pero los registros históricos indican que su activación conlleva un aumento del riesgo de sequías severas en Centroamérica y de lluvias torrenciales en el Cono Sur.  En este contexto, la acción anticipatoria y la preparación ante desastres son nuestras mejores herramientas para hacer frente a este fenómeno.

A partir de una reciente conversación entre Juan Bazo, meteorólogo del Centro del Clima de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y Estefany Jiménez, Oficial de Comunicación para IFRC en las Américas, desglosamos la evidencia científica y las acciones necesarias para proteger a las comunidades más vulnerables ante este escenario multi-amenaza.

Para que se declare oficialmente el fenómeno de El Niño, basta con que la temperatura del Océano Pacífico suba 0.5°C por encima del estándar que marcan los registros históricos. Para este 2026, los pronósticos indican que podríamos esperar aumentos de entre 2°C y 3°C en el Pacífico central.

Estos valores esperados son los que ha llevado a que se utilicen calificativos como el «Súper Niño» o, como ocurrió en 2015, el «Niño Godzilla», para referirse a un «Niño» fuerte. La transición desde condiciones de enfriamiento (La Niña) hacia un calentamiento extremo ha sido mucho más veloz de lo habitual, lo que obliga a las organizaciones humanitarias, como la IFRC, a escalar sus niveles de preparación de manera inmediata.

El Niño no se comporta igual en todo el continente. Una de las mayores preocupaciones para la región norte del continente es la supresión de la actividad lluviosa. En Centroamérica y el Caribe, el «Niño» suele manifestarse mediante una reducción significativa en los acumulados de agua. Esto no implica una ausencia total de lluvias, sino un patrón irregular donde las precipitaciones son insuficientes para sostener los ciclos agrícolas tradicionales.

Una de las regiones donde el impacto es particularmente severo, es en el Corredor Seco centroamericano, donde el déficit hídrico prolongado amenaza directamente la seguridad alimentaria y los medios de vida de miles de familias. La escasez de agua no solo afecta los cultivos, sino que también incrementa los riesgos de salud pública relacionados con el acceso a agua segura y la higiene.

A diferencia de lo que ocurre en el norte, el «Niño» genera un efecto opuesto en el Cono Sur del continente. Mientras que países como Colombia, Venezuela y el norte de Brasil enfrentan condiciones más secas y riesgos de incendios forestales, regiones en el sur de Brasil, Uruguay, el norte de Argentina y el centro de Chile deben prepararse para precipitaciones por encima del promedio.

Este contraste geográfico dentro de un mismo continente exige que la Cruz Roja y sus socios implementen estrategias diferenciadas.

Históricamente, existe una correlación directa entre la presencia de un fenómeno de el «Niño» fuerte y una disminución en la frecuencia e intensidad de los ciclones tropicales en la cuenca del Atlántico. Sin embargo, esta estadística no debe interpretarse como una señal para bajar la guardia.

Aunque el número total de tormentas pueda ser menor, las condiciones atmosféricas actuales son altamente dinámicas. Basta con que una sola tormenta tropical logre desarrollarse y tocar tierra para devastar comunidades enteras.

En el Pacífico, donde también hay huracanes, el aumento de la temperatura del mar sumado a los cambios en el comportamiento del viento que trae el «Niño», suele generar condiciones más favorables para la formación de tormentas.

 

Sea cual sea el pronóstico, la experiencia y el conocimiento acumulados por la Cruz Roja tras décadas de acompañamiento a las comunidades expuestas a huracanes han dejado claro que lo más eficiente, efectivo y ético es invertir en iniciativas de preparación y acción temprana para proteger a más comunidades y sus medios de vida.

 

El Centro del Clima también monitorea los posibles efectos de un “Niño” fuerte en otras regiones. En África, la mirada está puesta sobre un posible efecto de dipolo, con condiciones más secas en el norte y más húmedas en el sur. En Asia, sobre todo en el sur, los efectos de un “Niño” estarían vinculados a otro posible evento climático: la oscilación del Océano Índico, que también se mide por el aumento de la temperatura del mar y modula mucho el clima en la zona y en África. Si estos dos eventos coincidieran, podrían generar menos tormentas tropicales en todo el Océano Índico y más sequías en algunas zonas del sur de Asia.

La estrategia principal de la red de la Cruz Roja frente a este fenómeno es la Acción Anticipatoria, que se refiere a cualquier acción realizada antes de que ocurra una crisis, con el objetivo de prevenir o reducir los impactos potenciales del desastre.

 

El Centro del Clima trabaja junto a las Sociedades Nacionales en la actualización de los Protocolos de Acción Temprana, los cuales permiten liberar financiamiento de emergencia de forma inmediata cuando se alcanzan ciertos umbrales científicos.

 

Para los países que aún no cuentan con estos protocolos formales, la red de la IFRC ofrece herramientas de asistencia técnica y acceso al Fondo de Emergencia para la Respuesta a Desastres (IFRC-DREF) para eventos inminentes.

 

El objetivo es anticipar los riesgos y fortalecer la preparación, utilizando la evidencia científica para proteger hogares, asegurar una asistencia humanitaria efectiva, y cuidar la salud de las comunidades antes de que los efectos de el «Niño» alcancen su punto máximo.