El aumento de la morosidad en los hogares argentinos encendió señales de alarma entre economistas y entidades financieras, en un contexto marcado por la pérdida del poder adquisitivo, el incremento de los servicios y la creciente dependencia del crédito para afrontar gastos cotidianos.
En los últimos meses, se registró un incremento en el atraso del pago de tarjetas de crédito, préstamos personales y financiamiento bancario. La situación afecta especialmente a familias de ingresos medios y bajos, que recurren cada vez más al endeudamiento para cubrir consumos básicos como alimentos, alquileres y medicamentos.
Especialistas advierten que muchas personas comenzaron a utilizar el crédito no para realizar compras extraordinarias, sino para sostener gastos corrientes. Esto genera un efecto acumulativo: a medida que aumentan los intereses y los compromisos financieros, se vuelve más difícil cumplir con los pagos en término.
Uno de los indicadores que más preocupa es el crecimiento de la mora en tarjetas de crédito. Según analistas del sector, numerosas familias pagan apenas el mínimo mensual, una práctica que provoca que la deuda se multiplique rápidamente por el impacto de los intereses.
A esto se suman los préstamos personales y los créditos otorgados por billeteras virtuales y fintech, que en muchos casos tienen aprobación rápida, pero también costos financieros elevados.
“El endeudamiento dejó de estar asociado únicamente a grandes compras y pasó a ser una herramienta de supervivencia cotidiana”, señalan expertos en consumo y finanzas personales.
El impacto de la inflación y los servicios
El incremento de tarifas, alquileres y alimentos profundizó la presión sobre los ingresos familiares. Aunque algunos salarios registraron actualizaciones, muchos hogares aseguran que los aumentos no alcanzan para cubrir todos los gastos del mes.
En ese escenario, crece la dificultad para mantener al día las obligaciones financieras y evitar caer en mora. Además, los especialistas alertan sobre el riesgo de sobreendeudamiento, especialmente cuando se toman nuevos créditos para cancelar deudas anteriores.Frente a este panorama, entidades financieras comenzaron a endurecer algunos criterios para el otorgamiento de créditos, ante el temor de un incremento sostenido en la incobrabilidad. Sin embargo, especialistas advierten que restringir el acceso al financiamiento también podría profundizar la caída del consumo, ya que muchas familias dependen actualmente del crédito para mantener su nivel de gastos básicos.
Otro fenómeno que gana terreno es el uso simultáneo de múltiples herramientas de financiamiento, como tarjetas, préstamos rápidos y pagos en cuotas a través de aplicaciones digitales. Esta combinación puede generar una “bola de nieve” difícil de controlar, especialmente cuando los ingresos no logran recuperarse al ritmo de la inflación y las tasas de interés continúan elevadas.
Economistas sostienen que la evolución de la morosidad será uno de los principales indicadores a seguir durante los próximos meses, ya que refleja de manera directa la situación económica de los hogares. Mientras tanto, crece la preocupación por el impacto social del endeudamiento, en un contexto donde cada vez más familias ajustan consumos, postergan pagos y buscan alternativas para llegar a fin de mes.