El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, dijo el miércoles que era “absurdo” que Estados Unidos afirmara que el país gobernado por comunistas al sur de Florida “pueda significar una amenaza para la mayor potencia militar, tecnológica y económica del mundo”.
Con ambas partes en un aparente estancamiento pese a meses de conversaciones, el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo esta semana a Fox News que Cuba es una amenaza a la seguridad nacional porque ha extendido la alfombra roja a adversarios de Estados Unidos. Washington ha acusado a La Habana de ofrecer un punto de apoyo a fuerzas chinas y rusas en el hemisferio.
El ministro señaló que no van a permitir que un aparato militar, de inteligencia o de seguridad extranjero, opere con impunidad a 140 kilómetros de las costas de Estados Unidos y agregó que eso no va a ocurrir bajo el presidente Trump.
Rodríguez respondió a la retórica de Rubio en una publicación en X, señalando que Cuba “es un país pacífico que no agrede a otros, no permite que su territorio se use contra otros y tiene un historial limpio contra el terrorismo, el crimen internacional organizado y la violencia”.
El martes por la noche, republicanos bloquearon un intento de los demócratas de avanzar una resolución sobre poderes de guerra relacionados con Cuba en Washington. Los senadores votaron 51-47 para desechar la iniciativa por una cuestión técnica.
Trump ha intensificado la presión económica sobre la isla de 10 millones de habitantes, imponiendo un bloqueo energético casi total que comenzó en enero, después de que Estados Unidos capturara al presidente venezolano Nicolás Maduro y ordenara al país sudamericano dejar de enviar combustible a Cuba. Desde entonces, solo un petrolero ruso ha podido entregar crudo.
La crisis energética ha obligado a aerolíneas a suspender servicios, a resorts turísticos a cerrar y a muchas otras industrias a detener o reducir drásticamente sus operaciones. Aunque el envío ruso dio algo de margen, el alivio es temporal, ya que la isla necesita cerca de 100.000 barriles diarios para funcionar con normalidad.
Sin embargo, Cuba dijo esta semana que ha desarrollado una tecnología de “termoconversión” que permitirá transformar el crudo producido localmente en diésel y otros combustibles. La isla ha utilizado tradicionalmente su producción interna —estimada en unos 30.000 barriles diarios— para alimentar sus envejecidas plantas eléctricas.
Washington y La Habana han mantenido conversaciones indirectas durante el estancamiento, pero no está claro si se ha logrado algún avance.