Por Julio C. Gambina – Además, eso de que la inflación es un fenómeno monetario no resuelve la demanda social”. ¿Qué queda? Más ajuste y recesión.
La salvación de Milei serían las inversiones externas o la apertura del mercado mundial de capitales y deuda.
Parece que los tiempos no le dan. Los inversores internacionales miran para otro lado ante las incertidumbres de la economía mundial y eso agrava el riesgo de aquellos que podrían asentar sus inversiones en la Argentina.
En el mundo existe lo que se denomina “vuelo a la calidad”, especialmente en tiempos de crisis, y eso es lo que ocurre con la militarización y guerra, con escalada de precios internacionales.
Los capitales se orientan hacia la industria militar, radicada en los principales países del sistema mundial. Una parte importante se asocia a la tecnología que la sustenta, entre ellas, la crema de las innovaciones tecnológicas: la inteligencia artificial.
Además, la lógica de alianzas internacionales de Milei apunta a la complementación entre la demanda de materias primas de la economía estadounidense, litio entre otros, y la posibilidad de oferta que tiene la Argentina.
Por fin quedaría atrás la competencia entre ambos países y podría existir asociación de beneficio mutuo, con inversores del Norte y provisión de bienes comunes desde la Argentina.
Claro que en la amplia geografía y en la disputa geopolítica existen otras opciones que compiten como oferentes de la misma producción. Remito a Australia, gran proveedor de China y que EEUU está interesado en potenciar la reorientación de esas exportaciones hacia el mandamás del sistema mundial.
Es un momento complicado para las expectativas del liberal libertario en la Casa Rosada. La subordinación política e ideológica a Trump y al proyecto MAGA no paga en la imaginación de reestructuración regresiva del capitalismo local.
La competencia mundial existe y no solo están los amigos de Trump, sino y especialmente los intereses económicos.
Esa reorganización del capitalismo mundial se asienta en el destino de las inversiones productivas y cada Estado nacional disputa por la atracción de esas inversiones.
La búsqueda de esos inversores no es solo política de la Argentina.
Entonces… más ajuste y recesión
Milei debe profundizar su política para atraer esas inversiones que parecen esquivas.
No alcanza con el RIGI, ni la reforma laboral, obstaculizada en la justicia. Por eso profundiza la línea del ajuste fiscal con la lógica de la motosierra.
Es que se le disparó el índice de precios, con el 3,4% de marzo y para bajarlo induce más recesión de esa parte no beneficiada de la política económica, intentando exhibir que lo que importa son los cuatro sectores del crecimiento: el agro negocio de exportación, la minería, la energía, todo basado en un sistema financiero abierto al mercado mundial.
Un mercado mundial que se resiste a ofrecer los suficientes recursos de renegociación de una deuda impagable en la perspectiva de los vencimientos de un calendario de pagos muy abultados en los próximos años.
El relato lo condena. Pareciera que aquello de que la inflación es en todo momento y lugar un fenómeno monetario no resuelve la demanda social por estabilizar la economía de la cotidianeidad, más aún cuando presionan los precios internacionales.
Milei con su relato monetarista y en contra de la casta y la corrupción construyó un relato esperanzador, materializado en consenso electoral.
Ese relato se derrumba por la realidad económica a la que se suman las evidencias de corrupción de la casta en el gobierno.
La sociedad empieza a ver estos problemas y la desesperanza crece, habilitando la búsqueda de un nuevo proyecto esperanzador, que debe transitar por rumbos opuestos a la lógica liberal libertaria.
Discutir si se atiende a los acreedores externos o a los acreedores de alimentación, salud, educación, empleo o ingresos suficientes.
Si debe favorecerse la producción extranjera abriendo indiscriminadamente las importaciones o si se debe hacerse promoviendo la local, bajo formas comunitarias, de autogestión, cooperativas, solidarias, que privilegian la necesidad de resolver producción y circulación para la mayoría social empobrecida por la lógica de mercado hoy imperante.
En fin, un proyecto en construcción en las demandas organizadas del conflicto social que crece en el país y que no encuentra respuesta ni en el gobierno ni una oposición que no combate el fondo del proyecto oficialista, sino las formas del ejercicio del poder.
Combatir el relato oficial resulta imprescindible para generar condición de posibilidad de otro proyecto político que vaya a contramano de esta lógica de ofensiva ultra liberal.